Tercer Grado

Anticorrupción: la imposición de los partidos

Los partidos se impusieron otra vez. Prevalecieron sus intereses y no los de la sociedad. Se cumplió su voluntad: concluyó el periodo legislativo y las leyes anticorrupción no se aprobaron.

La sociedad civil organizada estableció los términos de la discusión y definió los alcances de estas reformas. Abrió canales de comunicación con los dos bandos legislativos —el PRI y la alianza PAN-PRD— y trató de acercarlos para poder avanzar. Por momentos, todo indicaba que serían las organizaciones civiles las que inclinarían la balanza en el Senado. No fue así. Al final, ni una sola ley se votó y nada cambió. Lejos de determinar al vencedor de este duelo partidista, las ONG acabaron en un rincón tratando de explicar si habían avalado avances parciales.

En las horas finales del periodo legislativo la atención se centró en el PRI. Los senadores del PRD y un buen número de los del PAN se sentaron cómodamente a ver cómo el PRI trataba de acercar su posición a la de las ONG. Aunque hubo aproximaciones en varios temas, las propuestas del PRI fueron rechazadas de inmediato por sus opositores. Por la carga que el PRI tiene en el tema y por las enormes exigencias sociales en la materia, la propuesta priista no podía ser parcial.

El PRI asumió el mayor costo político por la inacción. Pero ni el PAN ni el PRD resultaron ilesos. Juntos pudieron haber aprobado la agenda máxima de reformas propuestas. No lo hicieron. Como apunta Juan Pardinas, quien encabeza uno de los organismos involucrados en la discusión (Imco), las posiciones de muchos senadores panistas no son muy distintas de las del PRI, y en el PRD los que defienden la rendición de cuentas se niegan a presentar sus 3 de 3. Al final, el extremismo del PAN y PRD quedó evidenciado como una estrategia política en un contexto electoral y no como la voluntad para combatir la corrupción.

Los partidos lograron su propósito. Uno, al no avanzar lo suficiente y, los otros, al proponer cambios imposibles de alcanzar. Se impusieron pero no ganaron. Ahondaron la desconfianza en ellos y terminaron alimentando el hartazgo social con la política y los políticos. Una vez más se situaron por debajo de las exigencias de la sociedad. Queda por ver si en un periodo extraordinario, los partidos, en vez de imponerse, sujetan sus intereses a los de la sociedad.