Cartas del Desierto

La muerte es la única certeza que tenemos

Amigos míos: hemos venido al mundo sin más bagaje o carga alguna, como no sean nuestros cuerpos desnudos y aún sin huella alguna…con las manitas apenas ligeramente abiertas, nos asimos fuertemente al pecho de nuestra madre. 

Mas poco a poco y paulatinamente, la vida se ha encargado de grabar en nuestros rostros, en nuestras manos, en nuestras frentes, esos surcos profundos que se llaman arrugas—cada arruga una cicatriz producto de una embestida de la vida y al paso de los años una a una las canas cubren nuestras sienes…nos vamos haciendo viejos y en algunos casos sabios.

Hay quienes luchan intensamente, por parecer más jóvenes y así recurren a la magia de la  cosmética y la cirugía…pero el cuerpo se vence y se dobla, como se dobla un árbol con cada tolvanera…hasta que al fin un día caemos ¡Pum! Se detuvo el reloj y se nos acabó la vida. 

Por eso amigos míos los muchos o los pocos, los que siempre han estado y los que solamente han sido “aves de paso”. Aquellos con los cuales ya no me identifico, a los que echo de menos y a aquellos cuyas vidas me arrancó la catrina.

A ustedes precisamente a ustedes les digo, que una vez que he sentido que la vida me ha asestado un par de golpes más, me he jurado a mí misma poner todos los medios necesarios para ser feliz y me he hecho a mí misma la promesa de recordar de la vida solamente aquellas experiencias bellas, luminosas y brillantes.

Me he jurado a mí misma, que no abriré jamás el álbum de los malos recuerdos. Que huiré a tiempo siempre que olfatee que los demonios de la envidia, los celos, la amargura y la murmuración se cuelan subrepticiamente tras las puertas.

Me he jurado a mí misma y te lo comparto, que he decidido vivir mi vida a mi manera y no repararé un segundo en considerar siquiera alguna posibilidad por mínima que sea de vivir un instante de alegría.

Sin más solemnidad me prometo a mí misma, que lucharé infatigablemente hasta vencer uno a uno mis defectos…Ese es el reto más difícil que tengo ante mí misma y te pido perdón amigo—compañero si es que una y otra y otra vez reincido en mis manías.

Me he propuesto vivir con tal intensidad, que un minuto antes de morir pueda decirte…¡Sí! me equivoqué hasta el hartazgo, acerté algunas veces, caí y me levanté hasta que ya no pude más porque me estoy despidiendo. 



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