Cartas del Desierto

El estigma de la mujer o el hombre solos

Esta carta es para ustedes, mujeres y hombres solos…más nunca rotos.

Es mentira que aquella mujer o aquel hombre quienes no hemos casado o bien, no hemos tenido hijos estamos  condenados a vivir solos y como consecuencia de ello, a sufrir todo tipo de enfermedades psicológicas, entre las cuales se pueden considerar las adicciones.

Yo he sido testigo y partícipe, de cómo ha sido posible compensar la ausencia de un cónyuge, con la presencia de amigos varones y mujeres  y la realización de la fortísima pulsión de la paternidad—maternidad, con el ejercicio de diversas actividades, en favor de niños y jóvenes, con la atención a los ancianos quienes en más de una ocasión, aún y cuando han tenido hijos y nietos, viven bajo condiciones de soledad y aislamiento tremendas, he visto incluso cómo es que las personas alcanzan su realización personal, en la adhesión a grupos en favor del medio ambiente o la defensa de la fauna.Para otras personas, resulta mucho más edificante la participación—acción en grupos de autoayuda o incluso participamos de una u otra forma en todas ellas.

Es muy importante que las personas quienes vivimos solas, quienes “somo solas” (como suele decirse en el argot del español que se habla en México) sepamos  que ni lo somos, ni lo estamos y que toda consideración acerca de que la soltería o la separación conyugal o de pareja aun  cuando no hay hijos representa en sí misma una condena a vivir una realidad de aislamiento.En la vida existen algunos momentos decisivos que pueden cimbrarnos fuertemente y estos son:La muerte de los abuelos, cuando estos han jugado un importante papel parental en la vida de sus nietos.

La muerte de los padres, la de un hermano carnal, o bien la muerte de un amigo quien en ocasiones ha sido aún más cercano y más amado que los familiares por línea consanguínea.La pérdida del empleo, la experiencia de quiebra de un negocio y la jubilación definitiva de la vida productiva, son experiencias que pueden detonar alguna enfermedad psicosomática o algún trastorno afectivo importante e incluso la muerte de las mujeres u hombres quienes vivimos solos, pero es preciso recordar que esto de ninguna manera es condición única nuestra.

En realidad amigo mío, somos nosotros quienes solemos ser más resistentes ante las frecuentes vicisitudes de la existencia y déjame decirte que tengo la impresión de que nuestra fortaleza radica justamente ahí en donde se supondría que residiría la falta.Porque nos hemos asumido “solos” esperamos nada de alguien y así, sin vacilar un solo instante, nos levantamos nos sacudimos el polvo y digna y firmemente alzamos el vuelo. 


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