Cartas del Desierto

Ser académico es una vocación…no una profesión

La vida de un académico no tiene fin, se es académico siempre.La docencia es el espacio en el cual, una vierte con gozo exaltante, aquello que conoce…lo que recuerda, lo que sabe…una comparte con el otro su saber.El académico investiga, lee, escribe, publica y produce. Genera conocimiento y saber. Produce y hace ciencia.

La academia es realmente una auténtica pasión, una experiencia de exaltación y gozo profundos e indescriptibles. Les otorga a nuestras vidas un auténtico y profundo sentido y significado, una razón de ser.

La vida académica nos muestra una realidad de profunda apertura y nos conduce hacia la posibilidad de redimensionar el conocimiento y profundizar en torno a él.

Es sumamente difícil pensar, que alguien quien no pertenece al mundo académico, sea capaz de sumergirse en el…de ahondar en el, de profundizar en el. Las personas quienes ejercen otro tipo de oficios, hacen mención al hecho de que la vida de un académico se reduce a “ que cuando seas viejito te dediques a dar clasesitas”.

¡Que terrible! Y heme aquí, una académica que ahora trabaja como agente libre…pero que no cede y no  concede tregua alguna y no renuncia a su vocación por nada del mundo.En ocasiones pareciera que para el académico, no hay espacio posible alguno para producir…y de pronto ¡Eureka! Un diario te invita a publicar, una revista te abre espacios, o bien, una misma se propone escribir un libro.

Incluso llegado el caso, venderías mis poemas por solo unos cuantos pesos en las esquinas… ¡Sí! Justamente eso haría.

Y tengo otras pasiones más por ahí escondidillas…me encanta cocinar, soy una suerte de “chamana” y algún día tendré una granja en donde sembraré alimentos y criaré animales. 



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