Cartas del Desierto

Segunda llamada

Querida familia: hace apenas unos días murió mi tío Alberto y ahora nos hemos enterado de que tía Queta está muy delicada, los laguneros bravíos y valientes de antes poco a poco se nos están yendo.

Ay la tía Queta una mujer de una sola pieza, siempre entera y siempre serena, jamás la he visto quejarse y vaya que en su haber se suman ya muchas penas, con diez hijos no es fácil burlar las trampas del destino.Tía Queta, ahora que hemos aprendido a través de tu historia,  hemos caído en la cuenta de que la vida es más que un cuento…es una realidad que a veces avasalla.

De ti hemos aprendido a coleccionar estampitas de colores pastel—arcoíris majestuoso en el que hemos colocado todas aquellas cosas buenas y bellas que hemos vivido.

Como tú tía Queta, hemos aprendido a caminar siempre con garbo y elegancia, muy a la andaluza porque así somos…una mezcla extraña que combina, la exuberante y explosiva personalidad toledana, con la casi flemática complejidad de los galos.

Ay que difícil es ver partir a nuestros viejos, que hueco y que vacío tan enorme van dejando en nuestras vidas y no estamos muy ciertos de poder llenarlo. Tía no necesitas decirme lo mucho que has sufrido, que yo con la milésima parte de eso ya me hubiera muerto.

Sencillamente haber perdido a un hijo es pena suficiente, como para vivir eternamente, con un pinchazo gigantesco en el alma.No obstante yo prefiero voltear el rostro hacia atrás y recordar esa hermosa fiesta que vivimos durante el mes de octubre.

Como cada año, pasamos cuatro días inolvidables y como en la novela…comimos, reímos, amamos y oramos.Y luego de regreso y a lo que tocaba hacer encarar la realidad—existencia cambiante e impredecible que nos acecha siempre y nos persigue como un fantasma y así nada más de un día para otro, nos cambia la existencia en un dos por tres.Tía Queta, de ti y de tu hermano, mi padre al cual he decidido llamarle.

“EL Gigante Dormido” he aprendido que la elegancia es lo último que se pierde, que el sentido del honor no es obligatoriamente soberbia y que el silencio siempre será beneficioso.Pero no creas que lo he aprendido todo…ya ves que yo como una leona salvaje de repente me desboco y desbarro.

¡Es por demás! A nosotros nos faltó un gene, un “chip” estar a su altura.

Y como dijo mi gran amigo Armando, quien prematuramente también se me ha ido.

Parece ser que tengo la idea…pero me falta. 


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