Cartas del Desierto

Nana para mi Cecy

Durante meses te esperamos con gran expectación, eras la primera hija, la primera nieta, la primera sobrina. Tuve la enorme suerte de haber sido tu madrina, y fue mía la dicha de verte cuando apenas habías cumplido un mes. 

Fuiste una niña grande y fuerte, de piel rojiza y cabello oscuro y ondulado. Los ojos bien abiertos como enfrentando al mundo, siempre sonriente, llorabas poco y  con avidez te asías al pecho de tu madre. ¡No hay escena más sublime, que la de una  mujer que amamanta a su hija! Sin duda inolvidable para quien ha tenido esa enorme dicha de dar a luz a un hijo.

Recuerdo muy bien el día, en que te monté en el lomo de un toro cebú…Tú sonreías y con gran timidez apretabas su cuerpo con tus piececitos.Cuando más grandecita, corrías con gran agilidad, cuando yo te llamaba para llevarte a dar un paseíto.

Querías comer galletas con leche condensada… “galletitas con mesquey” como tú les decías.Tu amor por la arquitectura se hizo evidente desde antes de que iniciaras tu vida escolar.Tus abuelos y bisabuelos te compraban cuadernos para iluminar y tú podías pasar más de una hora coloreándolos… y como era de esperarse te salías de la línea y al terminar decías… “Por favor, que nadie me mueva estos cuadernos, porque son muy importantes.

“Mira Tita, pquitito me salí”. Y tu abuela sonreía tan amorosamente como solo ella sabía hacerlo.

Luego fuiste creciendo y llegó el tiempo de que te llevaran al cole por primera vez. Recuerdo aquella mañana, vestida con tu uniforme, una blusa blanca y un “jumper” a cuadros, calcetincitos blancos zapatitos negros una pequeña lonchera y tu mochila.Cuando tu madre y yo te dejamos frente a la puerta del colegio, tú cruzaste el umbral y segura y confiada de ti misma volteaste el rostro mostrando una enorme sonrisa, mientras que nos decías adiós ondeando tu manita.

No sé en qué momento te convertiste en adulta, luego en profesionista, luego casaste y fuiste madre de un pequeño hermoso,su nombre Rafael como el arcángel.Como a casi todos, la vida te ha tocado y te ha dado más de un revés. Pero no olvides mi niña, que has ganado la gloria al haber dado vida a un hijo—él será el motor de tu vida, él  te dará la fuerza para llegar a la cima y nunca estarás sola…nunca, nunca. Tus padres me permitieron mecer tu cuna cuando eras pequeñita y tú me permitiste hacer lo mismo con  la de Rafael.

Yo te canté una nana, la misma que le canté a tu hijo... ¿Recuerdas? Tal vez tú no y él tampoco, pero yo sí y cada que la recuerdo siento que se dibuja una sonrisa en mi rostro.No sé si es añoranza del pasado, no sé si es esperanza del futuro.

Solo sé que es un recuerdo hermoso y que me llena de alegría, es una nana de esperanza—canción de cuna en el presente, lo único cierto y todo lo demás pasado—ido, futuro incierto y caprichoso, en el no cabe siquiera jugar a las adivinanzas. 


cabramontes57@gmail.com