Cartas del Desierto

Instante de nostalgia o la idealización del pasado

A mis grandes amigos…aquellos que están tan distantes y al mismo tan cercanos. No saben lo mucho que los quiero y los recuerdo a cada instante.

Cada vez que voy a visitarlos a la ciudad de México. Regreso cargada de energía y con un enorme ánimo y alegría.

Qué cosas tiene la vida y quien dijera que a casi treinta años de distancia, en cada reencuentro sentimos que nunca antes nos hemos separado.

Durante esos días vivo con extrema intensidad, las historias de cada uno de ustedes, cada sorbito de té es una fantasía…historia de nuestras vidas que se pone al día.

Reímos, conversamos, disfrutamos del enorme placer de comer, siempre compartido por nosotros.

Sí, respiro a bocanadas ese aire denso y turbio de la gran ciudad…la más hospitalaria que he encontrado en algún otro lugar de aquellos pocos que conozco de nuestro pequeño y por demás hermoso mundo.

Ciudad sujeta a un permanente estado de contingencia…un mundo aparte, en el que cada sujeto vive realmente como quiere y sabe estar…y en cierto.

Espacio de contrastes y semejanzas tierra de todos y de nadie, lugar en el que todos caben y nadie y en cierta forma… todos somos excluidos. Cada uno construye su espacio fantástico que oscila entre lo real y lo imaginario.

Y me desplazo de un lugar a otro y allí me reencuentro con mis grandes amigos de la universidad. En otro espacio comparto con ellas los recuerdos de antaño y nos ponemos al tanto de nuestras vidas…y de nuevo sentimos y vivimos esa extraña experiencia de no habernos separado antes.

Nos reencontramos y nos vemos como si nunca antes nos hubiéramos separado.

Luego viajo en el metro-bus y me desplazo hacia otra área de la ciudad y allí me encuentro con mis amigos de la juventud.

En realidad, las personas no cambiamos…siempre seguimos siendo los mismos y tal vez lo único que cambien sean nuestras circunstancias y nuestros escenarios.

Amigos míos tan lejanos y al mismo tiempo tan cercanos, cada uno de nosotros hemos ido forjando nuestras vidas, no tanto de acuerdo a lo que un día proyectamos, como a lo que la vida nos ha puesto enfrente.

No obstante, hermanos—amigos tan lejanos y distantes…no pasa un solo día sin que los recuerde y desee apasionadamente, tener el don de la ubicuidad, para así poder estar aquí y allá.



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