Cartas del Desierto

Detrás de la alambrada

Amiga mía: a  través de la vida he visto que tu historia es como la paleta de un pintor, un universo multicolor.

Jamás te has dado por vencida. Has peleado sin denuedo por hacer realidad todos tus sueños y a decir verdad, has conquistado pocos. Te  has enfrentado con enorme valentía a la adversidad.

Por momentos has sentido, que ya no queda algo más en ti, sino una frágil  sonrisa que se hace manifiesta cuando lloras por dentro.Cuando eras apenas una niña dibujaste en tu mente un paisaje bucólico de lo que sería tu vida, hoy día cuando vertiginosamente te acercas al otoño de la misma, ves en retrospectiva como de aquellos  sueños solo  queda la  sombra de lo que imaginaste.​

Recuerdo que hace solo un par de meses  me contaste que una tarde de verano, cuando caminabas por el centro de la ciudad, sentiste que una voz interior te decía” si acaso debía algo, ya lo he pagado”.

Ingenua e inocentemente pensaste, que para ti la vida guardaba solamente un mundo de alegrías, desde ese momento, no habría en la vida un sueño que fuera irrealizable.Y al cabo de dos meses, el destino te trajo como premio una nueva sorpresa, más no de esas que te hacen reír a carcajadas y que conservas en el corazón como si fueran hermosas estampitas del álbum de recuerdos.Aún recuerdo haber visto tu rostro inexpresivo, los labios y la boca secos y la mirada fija en el horizonte… lejana.

Cuando yo hablaba tú estabas ausente no me oías…alguien se había encargado de lanzarte brutalmente detrás de la alambrada.

Lo único que faltaba…pretender arrancar de tu vida el último  de tus sueños que quedaba en pie, recuerdo que dijiste que no podías parar porque temías caer y resbalar por el abismo…sumergirte en el tiro de la mina, caer en picada--hundirte en la nada.

Tenías la experiencia de haber visto como un par de amigos tuyos muy cercanos ante la vergonzosa y por demás dolorosa experiencia de haber sido despedidos de sus empleos, habían caído en el  hoyo negro,  tenebroso y obscuro de la depresión   y hacía más de dos años, que yacían postrados en una cama. 

De nueva cuenta te plantaste sobre tus dos pies y sin perder un solo instante, erguida y por primera vez en muchos años… orgullosa, altiva, desafiante y  sin miedo a la vida iniciaste el ascenso en vertical y escarpada escalada. 


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