Cartas del Desierto

Dar gracias

Frecuentemente acudimos a Dios, para pedirle, pedimos y pedimos y pedimos una y otra y otra vez. Le pedimos que nos conceda una cosa y otra y otra.

Pero nunca nos acordamos de darle gracias, por todo aquello que hemos recibido, no vemos todo aquello que tenemos y no nos acordamos de que la vida nos ha dado tanto, que a veces no lo vemos y no podemos comprender lo que tenemos.

Y la vida pasa…pasa y con el correr de los años, los amigos van y vienen…se marchan y se ausentan y todo cambia…cambia.

Y cada uno de nosotros, cada persona llevará consigo un cierto estigma, una especie de carga, misma que habrá de llevar a cuestas a través de su existencia.

Algunos anhelos no cumplidos habrán de quedarse almacenados en nuestro corazón y habremos de retirarnos de algunos lugares en los cuales no queremos estar, porque sencillamente no nos  resultan saludables y por el contrario nos resultan destructivos y tóxicos.

Y de pronto descubrimos, que nuestra carrera profesional se ha visto truncada y que ante el duelo, nuestros amigos nos acompañan solo un instante.

Y algunos de nuestros mejores amigos mueren y otros se marchan…sencillamente se van.

Pero Dios siempre está con nosotros, siempre presente y siempre atento a nuestras necesidades.

La vida nos sale al encuentro como una gran oportunidad de crecimiento Y nos conduce hacia nuevos derroteros…nos marca un camino nuevo y una ruta abierta al mar.

Y Dios siempre está allí. Siempre presente y siempre atento y no hay una sola cosa que ocurra más allá de nuestras vidas…nada, nada.


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