Cartas del Desierto

Canto a los viejos

Hoy me he puesto a hojear un álbum de fotografías y repentinamente he caído en la cuenta de la velocidad con la que corre el tiempo.

De aquel cutis lozano y fresco, de aquella mirada transparente y clara y de aquella sonrisa perenemente dibujada en tu rostro, apenas puedo adivinar una semblanza.De la memoria lúcida y preclara, ya queda nada y una y otra vez me repites las mismas historias y las mismas anécdotas. Yo finjo que nunca antes hube oído aquello que me cuentas, que la revista que me muestras todos los días es siempre otra y tiene diferente contenido.

No recuerdas el hoy, has perdido la memoria, te sientes extraviada y confundida.

No obstante si te pido que me cuentes una historia antigua, recordarás cada momento claramente.

De tu vida cuando niña me lo puedes contar todo con lujo de detalle, te acuerdas de cuando eras joven y con frecuencia mencionas a tus padres y hermanos.No obstante, cuando ves a tus hijos y a tus nietos, con gran dificultad los reconoces, tampoco a tus amigos de los cuales te quedan ya muy pocos. 

Cuando joven tenías muchos amigos, la gente te buscaba y todos te declaraban su cariño. Hoy día pocos te buscan, todos tus hijos se han ido se han olvidado de ti y te han dejado solo. Nadie puede cuidarte, no hay quien pueda o quiera hacerse cargo de ti te han recluido en una casa de retiro y solo van a verte una vez por semana, rara vez te visitan. Ir a visitar a los viejos es una lata, una pérdida de tiempo es escalar una montaña que nos resulta demasiado cuesta arriba.

Nos da terror la simple posibilidad de podernos mirar en el espejo de lo que irremediablemente habrá de ser nuestra vida mas temprano que tarde.Y sí a decir verdad, hoy día eso nos resulta aterrador, nos asusta y nos llena de miedo, nos espanta y nos hace estremecernos…nos da pavor.

Los viejos ya no son la fuente de sabiduría y experiencia de la que todo joven bebía. Hoy día, una persona es vieja cuando apenas ha cumplido los cincuenta años. ¡Pero que absurdo!  Porque la ciencia ha alargado la vida de tal manera, que una persona de sesenta años aún es demasiado joven y tiene demasiada energía para sentarse a esperar a que la muerte toque a su puerta. 

Amigo mío ahora eres un anciano y cuando te visito ya no me reconoces…pero cuando te miro y converso contigo, yo solo reconozco tus días de gloria…recuerdo aquellos tiempos en los que tú fuiste un portento. 


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