Voces Ibero

¿Por qué me gustan los olivos?

El olivo, es la muestra fehaciente de la resiliencia. Por eso es mi árbol favorito.Cuando contemplo un olivo, veo en él, los ojos zarcos del norteño…con un verde discreto y un cierto tono platinado, cuando al erguir el rostro, quedan de  cara al sol y le miran de frente.Resistentes a todo…silenciosos, de sombra por demás discreta, siempre arropan, cubren, protegen. Su flor es casi imperceptible, su fruto rico en sales y aceites, carne del desierto.El olivo muere nunca, no envejece, de él nacen hijos, hijos y más hijos y no hay guerra que pueda exterminarlo.No hay en él un solo atisbo de arrogancia o de soberbia. ¡No! no es un pino y no un roble, no es una palmera que ondea sensual y grácilmente. El tronco del olivo joven, es parecido a los pies descalzos de un niño pobre en cualquier parte del mundo, y cuando viejo grisáceo y rugoso, luce como los mismos pies del niño, ahora viejo y cansado, pero nunca muerto.Cuando el verano tardío hace presencia, las aceitunas caen al suelo una a una—unas negras, casi moradas, otras verdes… y todas aceitunas.Por eso me gustan los olivos, porque los hay aquí en mi tierra, los hay en el altiplano mexicano, en el mediterráneo europeo, los hay en el oriente medio y en África.  Ahí,  el sol ardiente, el calor, el agua tan escasa—oro cristalino que se nos escapa, se nos escapa  y los primeros en morir de sed, son los más pobres.Antes que perecer, se posan bajo la sombra del árbol y  en las frías noches de verano, cortan sus ramas y con ellas hacen leña…árbol del fuego. ¡Qué paradoja! lo resiste y lo crea.Mujer-hombre recio, no hay guerra alguna que pueda exterminarlo. El olivo es callado y silencioso…como suelen serlo los campesinos—pastores de los pueblos nativos. Se mece con el viento y silba, solamente se dobla…nunca se doblega, aunque así lo parezca, sólo se dobla y tan pronto pasa la tormenta, se yergue nuevamente y se apresta a echar y echar más hijos en la tierra, no todos podrán sobrevivir, así que es necesario, asegurar su permanencia en el planeta.¿Acaso hay alguna semejanza entre un olivo y un campesino? ¡Sí! Los campesinos hoy día son una población ya casi extinta. Por el contrario, los olivos seguirán siempre vivos, a eso yo le llamo resiliencia.