Voces Ibero

Réquiem para una amiga

Se nos ha ido Anita Rendón, su ausencia ha dejado un hueco en la vida de todos sus amigos. No puedo decir que se nos ha ido como de rayo. ¡No! Se nos ha ido lentamente y con aviso previo. Incluso para morir fue generosa, ella sabía que su partida no nos iba a ser fácil.Tal vez nunca pensó que su ausencia sería irremplazable, que sus amigos extrañaríamos su sonrisa a tiempo, su carácter juguetón, su trato sincero, su escucha pronta y su amorosa entrega.De espíritu inquebrantable y cuerpo frágil, lo entregó todo, todo hasta haberse quedado en la desnudez más absoluta…amó sin límites y conoció el sufrimiento como ha sido capaz de conocerlo cualquier madre que ha perdido a un hijo, como cualquier esposa—amante fiel, amiga y compañera- a quien el amor de su vida se le adelantó prematuramente en el camino.Lejos de haberse permitido dejarle paso a la amargura, transformó la experiencia en un tesoro y a más sabiduría, más hilitos de plata poblaban su cabeza—cada uno de ellos caía como el agua que corre montaña abajo por la cascada hasta llegar a la laguna—espejo de agua dulce a donde una se lanza de clavado sin temor alguno de golpear contra una roca.Confió como quien más y creyó en que la redención del hombre siempre sería posible. Tenía la mirada puesta en lo lejano, la infinitud y la experiencia de lo eterno significaban para ella mucho más que la cortedad de miras y la visión estrecha de quien no es capaz de “ser más”, que un sujeto que vive volcado en su egoísmo.No gustaba de lujos, no de halagos, no ambicionó jamás la fama o la riqueza. Se entregó sin medida y nunca transigió con la injusticia. Anita supo distinguir, entre la tolerancia, la prudencia y el silencio oportuno y la expresión siempre atinada del enojo…ira que semejaba lava hirviente ante el mal trato o la violación y el atropello de los derechos de las personas.