Voces Ibero

Mujeres solas y familias en proceso de extinción

Cada vez, resulta más frecuente ver, que hay familias en proceso de extinción.
Esto suele ocurrir, cuando éstas son demasiado pequeñas y aunado a ello, el fenómeno de migración contribuye a la fragmentación de las mismas.
Para aquellos miembros de la familia, quienes no han logrado construir una familia de procreación y solamente  tienen a su familia de origen, es probable que esta condición, los conduzca a vivir un cierto estado de aislamiento.
Dicha condición, suele agudizarse, entre las personas de clase media quienes tienen la necesidad de trabajar, toda vez, que el simple hecho de que ellas se vean obligadas a pasar gran parte del día en sus empleos, restringe de manera importante, sus posibilidades de socialización.
Los grupos de mujeres suelen ser mucho más cerrados y excluyentes, que los de varones, toda vez, que éstas, son mucho más emotivas y eso favorece el surgimiento de ciertas conductas celotípicas, o bien de amenaza, en relación, con aquellas miembros del grupo, quienes desempeñan un papel de liderazgo. Desde el imaginario de éstas, tal  situación, puede dar lugar a que si la personalidad, de la nueva miembro del grupo resulta ser demasiado fuerte o atractiva para las demás, tarde que temprano, surja una  “colisión de personalidades”, misma que eventualmente, conducirá a la expulsión de aquella quien ingresa al mismo más tardíamente.
En ocasiones, la situación suele agravarse, conforme pasan los años y estas mujeres ven menguarse sus posibilidades de establecer nuevas relaciones, que resulten ser duraderas. En algunas ocasiones, estas mujeres, suelen buscar cabida en diferentes grupos y es posible, que con cierta frecuencia, puedan experimentar una vivencia constante de rechazo. En otros casos, ellas prefieren ya no buscar más y recurren al aislamiento y la retracción social, como un mecanismo de defensa, que las libre de sufrir más agresiones.
Ninguna de las dos actitudes suele ser saludable, así, que estas mujeres deberán buscar la manera, de establecer un sano equilibrio, entre adquirir la capacidad para aprender a disfrutar de los momentos de soledad y saber aprovechar, aquellos en los cuales pueda gozar de compañía. La vinculación,  con algún tipo de obra filantrópica, o bien,  la  participación en alguna actividad pastoral (en el caso de las personas quienes practican algún credo religioso), también pueden ser otras alternativas que les permitan establecer, nuevas relaciones, las cuales sin duda alguna, también serán mucho más duraderas, toda vez, que estarán fincadas en el cumplimiento de una tarea en común entre los miembros de las mismas, y no sólo, en el proceso de socialización, en tanto que tal.
Una sugerencia, para aquellas mujeres, quienes aún no han podido modificar su tendencia a la reproducción de los mismos patrones de comportamiento, consiste en que se autoanalicen constantemente, con la intención, de estar muy atentas a identificar, cualquier conducta que les resulte perjudicial y que eventualmente, pueda llevarlas hacia una reproducción del mismo tipo de actitudes, que ya en otras ocasiones, les han acarreado problemas.
Una técnica fácil y sencilla de aplicar, es la elaboración de un diario, en el cual, la persona haga una revisión cotidiana, en relación con aquellas ocasiones, en las cuales incurrió en la reproducción, de alguna actitud poco adecuada para ella. “Cuando una determinada manera de comportarse, ha dejado de funcionar, es señal, de que la persona debe modificar esa conducta. “
Es muy probable, que un determinado tipo de comportamiento, haya sido altamente funcional para la supervivencia psico-afectiva de la persona, durante algún  momento de su historia de vida. No obstante, en tanto que lo único permanente es el cambio, no cabe la menor duda, que también los individuos, deben cambiar sus patrones conductuales y adecuarlos a cada una de las etapas de su ciclo vital.