Voces Ibero

Aplíquenle el treinta y tres

Es verdad que nuestra patria no es la nación perfecta. Sin embargo, si me preguntaran en dónde quiero vivir, no dudaría un instante en decir. ¡En México!Por siglos, nuestro país ha recibido a un sinfín de inmigrantes de todo el mundo.Los mexicanos, los hemos acogido con una entrega absoluta. Les hemos abierto las puertas de nuestros hogares, aún sin conocerlos. En muchas ocasiones, hemos sacrificado el trabajo de algunos compatriotas y se los hemos cedido a aquellos, quienes han llegado a aquí en busca de oportunidades.Como mexicana, creo que somos un pueblo con vocación de grandeza, pues suman muchas más nuestras virtudes, que nuestros defectos.Heroicos siempre, porque cada amanecer, saltamos de la cama decididos a vivir.No importa, que suceda, vivimos, trabajamos, creamos y celebramos la existencia a cada instante.Y de los inmigrantes…qué decir, siempre me había encontrado con gente llena de gratitud por esta tierra, ahora colorada, ahora arena, barro negro y piedra de lava volcánica…tierra disímbola y siempre diferente como su gente…pero al fin patria—matria.Ah, pero que duro golpe me asestó la vida, cuando hace meses le abrí la puerta a un forastero, venía del cono sur, mas no de alguno de los países que por su desarrollo podrían compararse con el nuestro . ¡No! El suyo es un país realmente pobre, con pocas posibilidades de emerger.En un principio, me pareció que en realidad estaba frente a un amigo más, un compañero y así le traté. No obstante, no pasó mucho tiempo antes de darme cuenta, de que sobre este hombre, pesaba una enorme sombra de amargura e insatisfacción.No había día en que escuchara una sola palabra amable de su parte. No había una sola cosa que marchara bien, todo en México estaba mal, todo en su país era mejor.En México, él pudo encontrar un trabajo estable, digno y por demás edificante.Pese a todo, jamás le he arrancado un solo comentario amable en relación, con la institución en la cual presta sus servicios.Por si eso fuera poco, mi calidez y mi trato fraternal, sirvieron de “cesto de la basura” y “muro de contención” a su frustración y su ira reprimidas…¿Acaso estaba frente a un sujeto sufriente de una depresión encapsulada?. Me temo que sí, la situación llegó a su punto de ruptura, cuando el ahora para mí innombrable forastero, confundió mi frescura y naturalidad de trato, con algo que desde mi interpretación, era más bien una necesidad de él. De mi parte, y con toda la ira que una mujer puede contener, cuando ha sabido que su bondad natural ha sido mal interpretada, bastó que levantara una mano, para ponerle un alto en legítima defensa, frente a la propuesta que yacía escondida detrás de un lenguaje churrigueresco.Desde ahora, para este tipo de sujetos, las puertas de mi casa están cerradas y desearía, que les pidieran que se marcharan a su tierra de inmediato, pues quien no ha sido capaz de aquilatar  la dicha de vivir en un país como el nuestro y  de contar con un trabajo tan hermoso y edificante como el que aquí ha encontrado no merece otra cosa sino que:  A viva voz y en coro los mexicanos le digamos todos a una   …como en “Fuente Ovejuna”. Aplíquenle el treinta y tres.