Voces Ibero

¿Acaso…valdrá la pena?

Ha llegado el momento de pensar en serio, acerca del verdadero significado de nuestro ser y estar en el mundo.

Yo afirmo, con toda contundencia, que al mundo hemos venido a ser felices.

Más me parece, que hasta ahora, no hemos sido capaces de comprender, dónde radica el secreto de ese arte.

Creemos que ser felices significa hacer dinero a toda costa…Así, centramos nuestra existencia en ello. Entonces y sólo entonces, “seremos alguien en la sociedad”. “Perteneceremos al sector de la gente conocida…lo cual resulta ser algo realmente importante”. “Si somos gente conocida es que valemos más—somos más.”

En el intento de pretender hacernos millonarios, perdemos la salud mental y física, nos hacemos amargas y cuanto más perseguimos la riqueza y más tenemos, más queremos y también más gastamos…hasta gastarnos a nosotras mismas al tiempo que se gastan las cintillas magnéticas de las tarjetas de crédito que utilizamos desmedidamente.

Porque para ser más, es necesario vestir con ropa de marca, comprar un auto lujoso, una casa ostentosa, educar a nuestros hijos en escuelas de alto prestigio, para que se “relacionen con gente bien”…tal vez, la gente bien de hoy día, no tenga idea del comportamiento ético o de la fineza de trato que nos merecen las demás personas. Pero, “la gente bien es conocida”, así que lo importante es que a nosotras y a nuestra descendencia también la conozcan.

Algunos hemos decidido pertenecer a un gremio que está en vías de extinción. “Ser gente desconocida”, hemos optado por ser, hacer y estar, en aquello que nos apasiona y en lo que creemos que se asienta, la posibilidad de entregarle al multiverso, una insignificante partícula de esperanza.

En realidad, lo único que realmente vale la pena, es que mientras vivamos, hagamos un esfuerzo, por recrear el instante…”por coleccionar barajitas de momentos felices”, para que si allá, de tanto en tanto, el dolor nos alcanza por sorpresa y sintamos, que estamos a sólo un paso de la rendición, seamos resilientes a la desesperanza.

Sostengo contundentemente, que vivir motivados, por la locura y el frenesí de “tener para ser alguien—ser gente conocida ” , hasta ahora, no nos ha llevado a sitio alguno.

Me atrevo a afirmar sin temor, que no intento pintar un lienzo con azules y rosas, pues soy sobreviviente de un sinfín de batallas y cada día siento, veo, escucho, degusto y huelo, la indescriptible sensación de horror que a todas las personas nos produce el hecho de tocar, ver, escuchar, degustar y oler, la sombra oscura de la realidad, que se empeña en aplastarnos, hasta que después de haber celebrado nuestro primer centenario de vida, digamos en “voz alta…si aún podemos”.

Ya ven, ahora como ayer soy casi nada. Pero cuanto lamento verme al espejo y leer cada una de las arrugas de mi rostro y ver en él las huellas de la ira, las de la envidia, las de la ambición desbocada , las de los celos, las del deseo…mas muy difícilmente alcanzo a percibir en mi rostro, los surcos que han dejado la pasión, el anhelo, la sonrisa cuasi infantil, las lágrimas que sin soberbia me atreví a dejar correr como ríos de agua bendita y la risa que en más de una ocasión se convirtió en carcajada… aunque ello desafiara “las normas de etiqueta”.

Hoy, después de haber vivido cien años…Sostengo contundentemente, que vivir sin un sentido último, no vale la pena.