Sí contamos

La peste sigue

El gobierno se empecina en darnos razones, pero no eficacia. La semana pasada se dieron a conocer los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción 2015 realizado por Transparencia Internacional, el cual ubica a México como el país más corrupto de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Los resultados confirman una tendencia negativa sobre el combate a este problema.

Si basáramos nuestra percepción en lo que nos dice el gobierno, los resultados deberían ser contrarios. En el 2015, estrenamos Ley General de Transparencia y Enrique Peña Nieto promulgó la reforma que dio paso al Sistema Nacional Anticorrupción. Además, el gobierno federal continuó con programas para promover los espacios de interacción entre la ciudadanía y gobierno, y ha dado seguimiento a políticas públicas que intentan fortalecer la cultura por la transparencia y la rendición de cuentas.

Pero las acciones emprendidas no alcanzan para mejorar la percepción que se tiene de México en el ámbito internacional. Nuestro país, al igual que el 2014, obtuvo un puntaje de 35 en una escala 0 a 100, donde cero es interpretado como “altos niveles de corrupción” y cien como “bajos niveles de corrupción”.

De acuerdo al comunicado emitido por Transparencia Mexicana los escándalos en la opinión pública de casos como Ayotzinapa, la Casa Blanca, Oceanografía, OHL, y las acusaciones contra ex gobernadores, en las que se incluye por supuesto al estado de Coahuila como ejemplo, influyeron para que los cambios institucionales resultaran insuficientes.

Es decir, la capacidad para ensuciar es voraz, si lo comparamos con los efectos esperados con la aplicación de las reformas, que en mejor de los escenarios demorarán años en dar resultados. En este contexto, es urgente que los gobiernos actúen con eficacia y establezcan medidas que controlen la corrupción.

A la ciudadanía le toca poner un alto a esta costumbre que dista de darle beneficios. Combatir la corrupción significa también luchar contra la desigualdad y tener acceso a aspectos básicos como la seguridad, la atención médica, la educación y la justicia.

En fin, sobran razones y falta eficacia. En México la corrupción se siente como agua fétida que se estanca en un charco, aunque la removamos la peste sigue, peor aún, el hedor se esparce. 


Twitter: @nonobarreiro