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Democracia para la Ley 3 de 3 ¿a la mexicana?

Si la democracia representativa en México funcionará como dice la teoría, la simple presentación de la iniciativa de la Ley 3 de 3, hubiera sido mandato para los partidos políticos que inmediatamente habrían asumido la voluntad ciudadana como una orden.

Sin embargo, la democracia a la mexicana no atiende lo que dictan los cánones por una simple razón: El acceso al poder en nuestro país no está limitado por la obtención de un mínimo de votos necesarios para garantizar la representatividad. En México basta con tener la mayoría de votos, aunque sólo una persona haya emitido su sufragio.

Podríamos imaginar un pequeño pueblo con un proceso electoral desairado. Un candidato se ve en la necesitad de pedirle a su numerosa familia y compadres que voten por él. Así llega el día de la votación y pocos acuden a las urnas, pero no importa porque “con sus cuates” se cumple el objetivo. ¡Qué tiene que los demás en el pueblo no lo quieran! Finalmente se logró la ansiada mayoría. Entiéndase una minoría a modo.

Esta característica de la democracia representativa a la mexicana, hace que los partidos políticos no tengan que esforzarse por ganar verdaderamente el voto ciudadano. Es decir, no tienen que demostrar que nos representan porque no les hacemos falta, con su militancia y sus redes clientelares es suficiente.

Por eso los senadores del PRI y el Partido Verde se dan el lujo de faltar a la primera reunión del grupo técnico para el análisis de la iniciativa ciudadana, y enviar a sus secretarios técnicos de las comisiones y asesores.

La reacción de los partidos políticos ante la iniciativa ciudadana de la Ley 3 de 3 no resulta sorpresiva. Refrenda la postura de que los legisladores representan intereses propios y de sus grupos, y no los de los ciudadanos o de la nación.

La batalla no está perdida. Con cada traba que los miembros de los partidos ponen a la iniciativa de la Ley 3 de 3, lo que hacen es recordarnos que finalmente los ciudadanos no estamos vinculados con ellos. Porque estos dejaron de velar por nuestros intereses, desde hace mucho tiempo.

Son más lo que sin duda, en el futuro, harán posible que candidatos auténticamente ciudadanos puedan colarse a los puestos de decisión. Entonces sí, la nuestra podría convertirse en una democracia representativa y no el show que tienen montado los partidos políticos. 


Twitter: @nonobarreiro