Escribanos

Los maestros y la política.

Leí con atención este domingo en Milenio la columna del comunicador Ángel Carrillo, y el sábado vi la entrevista que realizó en compañía de la respetada periodista Marcela Moreno a tres maestros de base en el programa Cambios. Comparto la idea que aparece desde el título de la columna: “No todo es negro, ni todo es blanco”, la cual efectivamente es aplicable a muchos aspectos de la vida. Lamentablemente, por muchos años los medios de comunicación, especialmente las grandes televisoras, le han presentado a los mexicanos “sus” noticias, “su” información, de una forma maniquea, de buenos y malos y, por lo tanto, en blanco y negro.  Parece que esto quiere cambiar, por lo menos en los medios locales. Ojalá así sea. Pero no estoy de acuerdo con lo expresado por el señor Carrillo, tanto en televisión como en su columna, respecto a querer encontrar maestros a los que “no les llama la atención ni el poder, ni la política”, pues él y todos los que medianamente nos hemos acercado a los libros y al estudio de la historia, sabemos que el poder es algo que no se circunscribe al del Estado o al ejercicio de la política partidista; va más allá, a muy variados ámbitos. A los maestros se nos han querido conculcar nuestros derechos, y uno de ellos es el ejercicio de nuestra ciudadanía. Nos quieren como “funcionarios pedagógicos”, como operarios acríticos de los que diseñan los “especialistas”. Pero debe quedar muy claro que los maestros ya no queremos dejar la política en manos de los políticos profesionales (¡así nos ha ido!), pues entendemos la política por encima del trabajo electorero de los partidos.
Asumir así lo político, implica poder determinar lo que es posible de ser transformado, por medio de prácticas y acciones en cada campo. Por ello, en el terreno de la educación y del quehacer sindical, la dirección de los cambios ya no se podrá determinar unilateral y verticalmente. Tendrán que participar todos los actores y de manera preponderante los maestros. Esto tiene que ver con la política, definir el rumbo. Ya no debe haber maestros despolitizados, la política es una dimensión de la labor educativa que nos lleva a ver la necesidad de convertir las escuelas en esferas públicas democráticas, donde se forme a los estudiantes con las habilidades y conocimientos que los ayuden a convertirse en ciudadanos activos y críticos. Esta es otra forma de entender la política que no le gusta a los que la han pervertido.

Gabriel Castillo/Torreón