Escribanos

 Harakiri Futbolístico

Nuevo harakiri futbolístico en México se ha consumado. Los noticieros y prensa escrita informaron de la adquisición  del jugador Oribe Peralta, incisivo delantero de la selección nacional, durante varias temporadas goleador estrella y emblema del equipo de La Laguna, recientemente comprado  por el club América, empresa filial de Televisa, mejor conocido a través de los tiempos con  el mote de “chequera veloz”, ya que ese conjunto se ha caracterizado por lo abultado de su nómina.
Con esta transacción queda demostrado por enésima ocasión que los directivos y propietarios de los equipos de Primera División en México en muchos casos son artífices de su propia  debacle por  vender a jugadores que conforman la columna vertebral de sus cuadros, desestabilizándolos  y en ocasiones, arriesgándoles al fracaso, dándole prioridad absoluta al tema mercantil, sacrificando el  futbolístico, importándoles un bledo el espectáculo y lo más triste, la leal y sufrida afición.


Francisco Benavides Beyer, Torreón


Mucho drama


La semana pasada se anunció la venta de Oribe Peralta por parte de Santos Laguna a las “odiadas” Águilas del América.De inmediato la “afición” lagunera se volcó a las redes sociales para externar su opinión, los que menos, no bajan al delantero de traidor, los que más, mejor no mencionarlos, ya que son comentarios de gente sin educación.
A veces los aficionados nos olvidamos que el futbol es un deporte, que en ello no nos va la vida, que los clubes al final del día son empresas que en su ramo, lo que venden es un espectáculo y que nosotros como consumidores, podemos comprar o no el producto que ofrecen, pero hasta ahí, no tenemos injerencia en lo que los señores hagan con su empresa.
Por otra parte todo trabajador tiene el derecho de buscar mejorar en su trabajo y la mayor parte de las veces es por el lado económico, así que el señor Peralta está en todo su derecho de irse al equipo que mejor le pague o a la ciudad donde él y su familia crean que van a vivir mejor y eso lo debemos de respetar.


Carlos Mireles P., Torreón