Escribanos

Ecocidio en el Mazatlán de mis recuerdos

Quizá pudiera considerarse este tema como toro pasado, pero se trata de un toro muy presente, persistente y letal. Cuando  voy a Mazatlán, -entrañable Perla del Pacífico donde muchos torreonenses disfrutábamos nuestras vacaciones- y  paso por lo que fue el Cerro del Camarón o  veo por televisión alguna toma  por noticias relativas a ese paraíso en las que por lo general  enfocan un antro que se edificó sobre lo que fue ese emblemático cerro ubicado a la orilla del mar, me deprimo, me invade  la nostalgia, el coraje e impotencia por la destrucción de ese bello paisaje en el que  fue edificada  una discoteca.  
Como siempre sucede en México, en nombre de la corrupción  se han  dado verdaderos  y grotescos atentados contra la naturaleza.  En ese escenario paradisiaco, antes del ecocidio, se pescaba, se disfrutaba del amanecer, del atardecer, de la vista, del choque de las olas contra los riscos, la actividad de los cangrejos, de los erizos, de los pelicanos y gaviotas que allí se posaban. En fin, cuando menos los bellos recuerdos quedan, esperando que la incomparable belleza de la naturaleza  de todo nuestro país no nos la sigan arrebatando a cambio de unos cuantos pesos.

Francisco Benavides Beyer/Torreón


Bibliotecas de Matamoros abandonadas, pero por los lectores

Se invetirá una gran cantidad de recursos económicos en su remodelación, una mejora considerable en su infrestructura y en la metodología de atención, ni se diga, con la introducción de Internet y equipo de cómputo de alta tecnología se espera atraer público a estos centros culturales. Aquí es donde la puerca torció el rabo, ¿Cómo van a hacer las autoridades  para inculcar el hábito de la lectura a los miles de niños que son su principal objetivo?, ¿y que hacer con los otros tantos jóvenes y adultos a los que no les interesa acercarse a los libros? ¿Cuentan con el personal adecuado para realizar esta importante labor?
Pueden existir muy buenas intenciones para resolver el problema de la carencia de hábitos de lectura, la mayoría de ellas no se hacen efectivas y quedan como simples llamaradas de petate.

Hilario Martínez/Matamoros