Columnista invitada

Para toda la vida

Al menos en teoría. “Uno debería vivir siempre enamorado. Por eso no debería casarse”.

Así de rotundo se mostraba el escritor irlandés Oscar Wilde, convencido de que el compromiso acababa apagando la llama del amor.

Dejando a un lado la figura del matrimonio, su reflexión iba más allá, al pensar que un amor duradero, sostenido en el tiempo perdía su esencia con el paso de los años.

Y esa pregunta sin duda sigue rondando por la cabeza de millones de personas en todo el mundo. ¿Podemos vivir tan enamorados como el primer día?

Y es que recientes estudios han comprobado que La bomba hormonal que nos sacude cuando nos enamoramos no es eterna.

Sin embargo, imágenes por resonancia magnética han revelado que en el cerebro de algunas parejas que llevan décadas juntas, se activan las mismas zonas que en los nuevos amantes.

También los niveles de oxitocina, llamada “La molécula del amor” La cual es la culpable de que pueden influir en que este amor se sostenga en el tiempo.

Si a todo ello se le suma una dosis de sobreesfuerzo, el amor debería tener los ingredientes para ser duradero.

Recordemos que el amor es la droga más potente que existe, ya que su efecto es similar al de algunos analgésicos, puesto que enciende zonas cerebrales que reducen  el dolor.

Por lo que la droga romántica es la “Culpable” de que nuestro cerebro y todo nuestro cuerpo experimenten una apoteosis química, con emociones que van desde la euforia a la ansiedad, pasando por la sorpresa, el miedo y la obsesión.

Ese estado de embriaguez amorosa inicial no es sostenible en el tiempo. Y en eso los científicos están de acuerdo puesto que ningún organismo sería capaz de soportar tal éxtasis de forma permanente.

Sin embargo, aunque la excitación tienda a relajarse, el amor romántico si puede perdurar.

La Cámara Nacional de la Mujer en Hidalgo, realizo una encuesta a personas de 18 a 65 años y en esta 7 de cada 10 coincidieron en que si se puede amar a una pareja sentimental para toda la vida.

No olvidemos que hasta el más fuerte de nosotros necesita de la fuerza de otra persona con la que alimentar la esperanza y el amor.