Columnista invitada

La pederastia y la pedofilia: un análisis

Hasta no hace demasiado tiempo el abuso sexual infantil era un asunto bastante desconocido. En este sentido es justo reconocer que hemos avanzado mucho, lo que en ningún caso debe hacernos perder de vista el camino que aún queda por recorrer. En la actualidad raro es el día en que no aparece en los medios de comunicación algún nuevo caso de abuso sexual infantil, sobre todo relacionado con las redes de pederastia que actúan y proliferan cada vez más en las redes sociales. Y es que recordemos que la pedofilia es un rasgo multifactorial en la personalidad del que la padece, y se compone de aspectos mentales, institucionales, de actividad, de educación sexual, de violencia, de control de las pulsiones, etc. En este sentido, se suelen distinguir dos tipos de pedofilia, una primaria o esencial, muy arraigada en el sujeto, y otra secundaria que aparecería motivada por factores circunstanciales. Muchos especialistas han llegado a la conclusión de que el origen de esta tendencia anómala puede estar relacionado con el aprendizaje de actitudes extremas negativas hacia la sexualidad o con el abuso sexual sufrido en la infancia, así como con sentimientos de inferioridad o con la incapacidad para establecer relaciones sociales y sexuales normales. La pedofilia está entre los tópicos de la última frontera, juntita a la necrofilia y al snuff (que sí existen). Los únicos defensores de la pedofilia son, claro, los pedófilos quienes argumentan que nada tiene de malo sentir atracción por una o un menor, mientras no le hagas daño. En cambio, sus compadres los pederastas no se andan con teorías y van directo al terreno de la práctica. Por desgracia esta práctica ha ido en aumento y no ha disminuido al contrario ¡Por eso! organizaciones internacionales se han preocupado mucho por hacer campañas de prevención internacionales… pero estas por desgracia no han tenido mucho éxito ya que recordemos que los agresores en la mayoría de los casos se encuentran dentro de la familia, provocando el miedo en los pequeños víctimas de estos seres tan despreciables y los cuales utilizan las amenazas y chantajes para no ser delatados. La Cámara Nacional de la Mujer realizo una encuesta a personas de 15 a 65 años y en esta todos coincidieron en haber conocido más de un caso de abuso infantil. “Las muestras de cariño y afecto de los animales superan con creces a la de muchos padres y madres en sus propios niños y niñas.”