Columnista invitada

Ser padre a distancia

Educar es la misión que los padres adquieren desde la procreación; un trabajo que exige responsabilidad, dedicación, tiempo y todas las energías posibles. Esta tarea resulta difícil de llevar a cabo cuando se ha dado una separación. Quizá para muchos se cree que ser padre  a distancia es lo más cómodo y fácil para los hombres, ya que por lo regular son los que al haber abandonado el lecho familiar, dejan de lidiar con las tareas diarias de la casa, así como con la toma de decisiones en el día a día. A veces, por diferentes circunstancias, las parejas se separan y uno de ellos se ve obligado a vivir lejos de sus hijos. Ser padre a distancia no debería conllevar al distanciamiento emocional. La lejanía física puede compensarse si se buscan alternativas, siempre con la expectativa de lograr la mayor cercanía entre padre e hijos. La distancia emocional sí es grave y se puede dar a pesar de una cercanía física empobrecida y superficial. Ya sea porque el padre es divorciado, trabaja en otra ciudad o no tiene tiempo para compartir con sus hijos, tanto el padre como el hijo sufren el dolor de estar separados, el hijo extraña a su padre y el padre se siente angustiado y con culpa, al sentir que no brinda la calidad de tiempo y el  afecto que requiere su hijo. Entonces es necesario que se tomen cartas en el asunto para tratar de reparar el daño que esta distancia produce en el hijo, quien es el más vulnerable, pues puede sentirse abandonado. Sin embargo, es posible transmitir cariño, enseñanzas, valores importantes a través de la tecnología, así como es imprescindible programar visitas cada vez que se pueda, pues ningún medio de comunicación actual es capaz de reemplazar un abrazo o un beso. Es importante recordar que un padre es aquel que nos dará su amor silencioso, incondicional y eterno. La Cámara Nacional de la Mujer realizo una encuesta a padres de 25 a 50 años que viven lejos de sus hijos y todos coincidieron en lo difícil que es  no poder ver a sus hijos todos los días, así como no poder estar ahí cuando a veces se les necesita.  Nunca olvidemos que un Padre es quien nos guía, nos lleva por la vida protegiéndonos, muchas veces en silencio y a lo lejos; otras, se encuentra tan cerca que su respiración se vuelve una con la nuestra. Pero sobre todo  el será ese “Alguien” que nunca soltara nuestra mano.