Columnista invitada

¡Un hijo no puede morir!

Sin duda, para todas las personas la pérdida de un familiar es uno de los golpes más grandes que un ser humano puede sentir ¡Y cómo no!

Si tan solo el pensar en la idea de que jamás se podrá volver a ver a esa persona; es algo que tan solo con imaginarse causa un enorme malestar. La muerte de un hijo puede ser el dolor más grande que se pueda sentir en esta vida.

Y es que cuando pierdes a un hijo pierdes la vida, existen personas que por desgracia, tras el fallecimiento de los hijos y aun con el paso de los años, el dolor sigue siendo tan fuerte que difícilmente pueden llegar a tener una vida “normal”, ya que en la mayoría de los casos estas personas se aíslan, cambiando por completo, olvidándose quizá del dolor que pueden sentir sus otros hijos, ya que ellos también tuvieron la pérdida de un hermano.

Por desgracia, el dolor en la mayoría de las ocasiones no les permite ver que los otros integrantes de la familia puedan estar sufriendo al igual la muerte de ese ser querido.

Actualmente existen diversas religiones que cambian el sentido de la muerte, ya que en su mayoría se cree que cuando alguien fallece será para estar en mejores condiciones en otro plano y desde donde su misión será la de convertirse en un ángel que estará velando por sus seres amados, lo cual será un gran consuelo para quienes vieron partir a este ser tan amado.

Aunque la realidad es que nunca se está preparado para afrontar la pérdida de un ser querido, pero entre todas las muertes cercanas, la más imprevisible y desgarradora es la muerte de un hijo.

Para los padres resulta una de las experiencias más difíciles. Se encuentran desesperados, perdidos en un profundo desconsuelo.

Nuestra sociedad vive de espaldas a la muerte, como si morirse fuera algo ajeno, algo que no tuviera nada qué ver con nosotros.

Si alguien intenta hablar de sus inquietudes al respecto es fácil que se le considere raro, morboso o en cualquier caso, inoportuno.

Esta tendencia a eludir a todo lo referente a la muerte, intentando quizá liberarse de ella, deja a menudo muy solas a las personas que viven en situación de duelo.

 La Cámara Nacional de la Mujer realizó una encuesta y en esta, todas coincidieron que la muerte de un hijo puede ser uno de los golpes más grandes que pueden recibir las personas.