Columnista invitada

Educando a un hijo…

Si educar a un hijo fuera fácil o si todos tuviéramos la barita mágica que nos dijera que estamos en lo correcto ¡Otra cosa sería!

Y es que por desgracia no existe un manual que nos diga cómo se debe educar a un hijo o que es lo que funciona para criar buenas personas de provecho, actualmente y con la ayuda de las redes sociales vemos infinidad de niños y jóvenes haciendo de las suyas, desde emborracharse hasta asesinar, golpear, robar y tantas, tantas cosas que pareciera debieran estar completamente alejadas de nuestros hijos.

Pero por desgracia esto no es así y es que sin importar las clases sociales, los valores y los principios está comprobado que esto no es suficiente para tener la certeza de que se hizo un buen trabajo con los hijos.

Y es que actualmente los hijos tienen que pasar más horas solos en compañía de los videojuegos, la TV o las redes sociales, y no olvidemos que algunas personas creen que ser buenos padres consiste en comportarse de cierta manera o hacer determinadas cosas con sus hijos.

Y es que recuerda que el enojo y la hostilidad son emociones naturales, que los jóvenes en pleno desarrollo manifestaran a cada momento y es que infinidad de Psicólogos comentan que los buenos padres se caracterizan por tener sentimientos y actitudes profundas y positivas que sienten hacia sus hijos, y que manifiestan en cualquier entorno y en donde su comportamiento fuera y dentro de casa es equilibrado, sin desajustes ni conflictos emocionales importantes.

Por tal motivo es importante que nosotros ayudemos a nuestros hijos a encontrar una salida social aceptable para que sus actos y emociones no desencadene en un desajuste físico o emocional.

En la vida de los hijos, nadie tiene más influencia que sus padres y madres. El buen papá se sacrifica, se entrega y hace que sus hijos alcancen la independencia y se encuentren a sí mismos.

Los padres tienen 17 años para fomentar esos valores en los hijos, que es el tiempo que generalmente los hijos pasan con sus padres. Dependiendo de ellos tanto en lo emocional como en lo económico y es el tiempo justo para formarlos.

No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.