Columnista invitada

En México se prohíbe la discriminación; aún así, se ejerce

Ser indígena, niño, homosexual, adulto mayor o mujer son sólo algunas de las razones para ser discriminado en México, un país donde el simple color de piel o el género puede ser un detonante para considerar a alguien “menos”.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) se han identificado a 11 grupos en situación de discriminación en México: adultos mayores, afrodescendientes, fieles religiosos, etnias, migrantes y refugiados, mujeres, niños, personas con discapacidad, personas con VIH/SIDA, jóvenes y personas con preferencias distintas a la heterosexual.

Y como en la mayoría de los países existe racismo y discriminación en la diferentes clases sociales, culturas, ideas, forma de vestir, color de piel, altura, (Todo lo que es el físico) así como la distinción de la familia donde uno proviene, es lamentable ver que aún existen personas que se resisten demasiado al cambio, con una cultura excelente y de mucha riqueza, pero con una mentalidad no muy amplia, y esto hace que México este desproporcionado en su riqueza, ya que son muchos los que viven en pobreza, y muy pocos lo que tienen una estabilidad económica.

El crecimiento y desarrollo de México se basó, en gran parte, en la marginación y pobreza de los pueblos indígenas.

Muchos de ellos han sido marginados a tal punto que cambiaron sus vestimentas, su idioma y hasta su identidad por temor al fracaso social, discriminación y malos tratos.

En algunos medios de comunicación insisten en las diferencias culturales, presentando las costumbres y los actos culturales ajenos como cosas raras y sorprendentes.

De esa manera fomentan hostilidad, y se impulsa la xenofobia (africanos, asiáticos o latinoamericanos).

En el caso mexicano, el tipo de racismo que mejor se puede identificar son las conductas de discriminación en los 62 grupos indígenas que comparten el territorio nacional con nosotros.

En la Cámara Nacional de la Mujer se realizó una encuesta a personas de 15 a 70 años y todos en algún momento de su vida aceptaron haber realizado discriminación hacia alguna persona, algunas veces por juego y otras por la forma de hablar o de vestir de algunas personas, así como por su color de piel.

“La discriminación es la única arma que tienen los mediocres para sobresalir”.