Columnista invitada

Maternidad y paternidad en la adolescencia

Cuando una pareja recibe la noticia de su maternidad y paternidad, y ambos comparten amor, apoyo mutuo, estabilidad emocional, económica y, especialmente la decisión consciente de lo que implica ser madres y padres, entonces su responsabilidad se vuelve grata. Pero si aún no cuentan con la suficiente madurez física y emocional, ni tampoco con la solvencia económica necesaria para encarar esta situación, será difícil asumir este papel de manera responsable. En México pese a las grandes campañas que existen sobre planificación familiar, es cada vez más  común ver a adolescentes cargando una enorme responsabilidad como lo es la crianza de un hijo, recordemos que el embarazo en la adolescencia es una crisis que se superpone y es por ello que una adolescente que se embaraza se comportará como corresponde al momento de la vida que está transitando; son adolescentes embarazadas, no embarazadas muy jóvenes. Y es que se denomina “Embarazo adolescente” Al que ocurre durante la adolescencia de la madre, también suele llamarse “Embarazo precoz”, ya que se presenta antes de que la madre haya alcanzado la suficiente madurez emocional para asumir la compleja tarea de la maternidad, la OMS lo considera embarazo de riesgo, por ser la causa principal de mortalidad en las jóvenes, ya sea por complicaciones del parto o debido a abortos practicados en condiciones de inseguridad. Así mismo el embarazo en adolescentes, así mismo también  se considera un problema de salud pública y, además un problema social por las consecuencias que tiene para todos los involucrados incluidos el progenitor varón. Y es que por desgracia sigue existiendo un “Muro de silencio” que rodea la paternidad adolescente, lo que implica una relación perversa de la sociedad con el adolescente. Al anular socialmente este tipo de paternidad, se acaba por legitimar la ausencia paterna, pues se le dificulta al adolescente la posibilidad de pensar, prevenir o asumir su condición de padre real o virtual. La Cámara Nacional de la Mujer realizo una encuesta a padres de 35 a 65 años y en esta 7 de cada 10 mencionaron que su mayor miedo fue que sus hijos pudieran ser padres tan jóvenes, ya que esto truncaría sus sueños y aspiraciones profesionales el otro 3 % mencionaron que fueron padres en su adolescencia y eso los impulso a ser mejores personas pues ya tenían una razón más por que luchar.