Taller Sie7e

El último lector

¿Quién no ha deseado tocar una piel suave, tersa, casi dulce? En un pueblo llamado Icamole, que puede ser de la unión de Ítaca y mole, pero más parece nombre de grupo huapanguero… y  en realidad eso no importa, porque el autor nos lleva a ese lugar real, al norte de México, cercano Monterrey.

Es árido, muy árido, tan árido que los orines se secan apenas caen a la tierra.   Ahí sólo una persona tiene agua en su pozo pero no lo dice porque los demás llegarían como buitres a su casa, y Lucio, su padre, es bibliotecario de la localidad, y tal vez el último lector. Un día llega Remigio curiosamente con varios aguacates para su padre, no es lo normal ¿Por qué ahora le lleva comida? Durante semanas Lucio ha padecido hambre estomacal, no en el espíritu porque lo nutre con sus lecturas diarias. Su hijo le lleva la nueva: apareció una niña muerta en su pozo, necesita de su  ayuda porque no quiere ser inculpado por esa muerte. 

La presencia de la muerte le da vida a la relación padre e hijo, renace en ellos la necesidad de comentar novelas, autores, personajes que danzan entre lo real y lo ficticio. Las lecturas de Lucio son el vehículo para encubrir a su hijo, tiende una red con ellas para despertar sospechas y recae la culpa en el hombre que reparte el agua en el pueblo, otra lucha de contrarios: quien  a través del agua lleva la vida al pueblo es el que muere en la búsqueda de un asesino.Aparece la madre de la niña muerta, también lectora, entonces se hace un diálogo de libros contra libros, de personajes contra personajes, la comunidad resucita…  Ambos tienen una fascinación por la novela de La muerte de Babette, de un francés, Pierre Lafitte, y con pericia literaria se inventan un diálogo entre Porfirio Díaz y el autor francés, como si los dos salieran de sus tumbas  en Montparnasse, y la conversación dirige sus pasos hacia un sitio posible donde se encuentra Babette.

David Toscana nos presenta “ El Último lector” un texto pleno de extratextos, como si tratara de describir los libros de una biblioteca y sus vidas. Alguna vez el sub comandante Marcos escribió que sólo saber de nuestra vida es muy aburrido, leer muestra lo vivencial de muchas personas. Aquí, en la historia contada, cobra un sentido muy especial, porque existe un sinnúmero de libros mencionados con relación a los hechos que vamos leyendo.

También va confrontar ideas sobre la manera de escribir de varios autores. Pone en evidencia la falta de interés por conservar una biblioteca y al abandono, la aridez en que nos encontramos muchos, alejados del centralismo que mueve los hilos de la cultura y los programas de lectura. Si hay hambre y sed de todo tipo en México, ¿cómo invertir en lectura? El libro y la suavidad de su textura es como la piel de Babette, dulce, joven, tersa, esa que deseamos sin más poseer, o al menos acariciar.