Taller Sie7e

De librerías

¿La canícula lo está derritiendo? Hay lugares que refrescan, sacuden un poco la incertidumbre  e invitan al encuentro.

Muchas veces es necesario tomar un mapa y explorar, armarse de  paciencia para dar con lo que deseas, no desistir en  la búsqueda.

Pueden pasar años hasta descubrir  esos sitios de encanto, la espera vale cuando de repente escuchas «Todos los libros de Elena Poniatowska se vendieron».

Para una mexicana oír eso del otro lado del Atlántico fue una brisa de esperanza y felicidad que consuelan en silencio  las incongruencias  que nos han tocado vivir.  Encontrar una mesa especial para los escritores latinoamericanos comprueba que  nuestros autores se leen. La librería Rafael Alberti se encuentra en pleno barrio universitario, lugar  tranquilo en el oriente de Madrid.  

Fue inaugurada en 1975 cuando aún se sentían los residuos de la dictadura franquista. Padeció varios atentados; uno donde rayaban los ventanales blancos con un lema que decía “volveremos”.

Su dueño inicial Enrique Lagunero,  amigo del poeta de “Marinero en tierra” ambos miembros del partido comunista,   deseosos de despertar culturalmente a esa  España que en la dictadura  se había encerrado. Sus ideales volaban y  crearon una librería plural, comprometida.

La fachada, los dibujos, las lámparas son diseños de Alberti.  

Hoy esta bella librería esta comandada por jóvenes entusiastas que, a fuerza de creer en un sueño se han convertido en libreros, si no encuentras el título que quieres, ellos de inmediato se comprometen a rastrearlo por todo el mundo.  

En la trastienda se presentan libros,  los círculos de lectura debaten los contenidos de los textos,  es un lugar vivo, un espacio de encuentros alrededor del libro.

Justo lo que buscamos los lectores, que nos recomienden lecturas, que hablen con nosotros cuando buscamos a un autor.  

Para mi buena fortuna el día que pude ir se presentó: Ignacio Martínez de Pisón, con un texto sobre la emigración de África  bastante obeso para traerlo  así que adquirí uno más pequeño  que me ha gustado “El fin de los buenos tiempos”, él vive en Barcelona tiene varios premios y ese día la librería estuvo llenísima me recordó las lecturas en la Librería de Cristal de Tampico, allá cuándo nos refrescábamos entre libros las ideas y los días.

Lástima que ahora sea una ruina más de nuestro puerto.

Feliz Domingo.