¿Cómo terminó la Segunda Guerra Mundial?

El 8 de mayo pasado se conmemoró el fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero, ¿Qué ocurrió hace setenta años en Berlín?  

A mediados de abril de 1945 las tropas soviéticas habían alcanzado la orilla del río Oder, (actualmente este río marca la frontera entre Alemania y Polonia) y conquistado casi todas las ciudades al este. El batallón del Ejército Rojo, que se disponía a ocupar Berlín, contaba casi con un millón de soldados. Al frente de este batallón se encontraba el Mariscal Zhukov, el hombre de mayor prestigio en las tropas soviéticas.

Por otro lado, en la capital alemana dominaba el miedo. La violencia con la que el Ejército Rojo había actuado contra los alemanes en las batallas por las ciudades orientales era bien conocida. Muchas mujeres y niños abandonaron Berlín en vagones para ganado con rumbo a occidente, hacia las zonas ocupadas por los estadunidenses. Quienes permanecieron en la ciudad no sólo temían el inminente ataque soviético, las brigadas de la SS (una organización militar del partido nazi y del gobierno) se dedicaban a ejecutar “desertores”, así como a todo aquél que manifestara dudas sobre la “victoria final” del pueblo alemán.  Mediante juicios hechos a toda prisa, cientos de soldados y miembros de la población civil fueron sentenciados a la pena de muerte. Las ejecuciones se llevaban a cabo en plazas públicas, puentes o cruceros de calles importantes. Después de estrangular a los sentenciados, los cadáveres eran colgados en las calles y dejados ahí para amedrentar a la población.

Para enfrentar al Ejército Rojo, el ejército alemán movilizó casi todas sus reservas en la Novena División, compuesta por 200,000 soldados.

Pero la relación de fuerzas entre el Ejército Rojo y la Novena División era más desfavorable a los alemanes que lo que las simples cifras dejan ver. Una buena parte de la división alemana estaba formada por jóvenes entre 13 y 16 años, que apenas contaban con experiencia militar. Además, muchos de los oficiales de la Novena División, que fueron llamados al frente, hasta entonces solamente habían trabajado en el aparato administrativo del Ejército. No sólo el personal de la División dejaba qué desear; el combustible era escaso, por lo que los tanques y aviones sólo podían ser enviados al frente en forma limitada.

Sabiendo que la ciudad pronto sería campo de terribles batallas, los habitantes de Berlín se dieron a la tarea de construir barricadas en las calles. Algunos de los alemanes que sobrevivieron la ocupación de Berlín relatan que en aquel entonces los mismos alemanes se decían, con humor berlinés, que al Ejército Rojo le llevaría dos horas y tres minutos en destruirlas: dos horas riéndose de ellas y tres minutos en derribarlas.

En la madrugada del 16 de abril en la parte oriental de Berlín, el suelo empezó a retumbar y los cristales de las ventanas cayeron en pedazos. Todos sabían lo que esto significaba: la ofensiva rusa había comenzado.

La última vez que el General Weidling, el comandante de la defensa de Berlín,  vio a Hitler fue el 23 de abril. Según su relato, el Führer se arrastraba agachado como un anciano, las manos le temblaban y la mirada estaba ausente. En los últimos días anteriores a las batallas alrededor y en Berlín, el ánimo de los altos funcionarios nazis en el búnker oscilaba entre profundas depresiones y un optimismo poco realista. Se esperaba que las tropas alemanas, que se encontraban en otros sitios, se apresuraran a volver a Berlín y la liberaran.  Además, Hitler especulaba que las potencias aliadas romperían sus acuerdos y se formaría una nueva constelación militar y política. Esto era, desde luego, sólo especulación.

Los días que duró la batalla por Berlín fueron un verdadero infierno para la población. Muchos berlineses empezaron a padecer hambre. No había agua, gas, ni electricidad. Además el terror iniciado por la brigada de los SS contra la población “desertora”, se intensificó. En la avenida Landsberg, la SS ejecutó a más de cien mujeres y niños que huían de un edificio de departamentos en el que se enfrentaban rusos y alemanes.

Los soldados rusos se contentaron en un principio con despojar a los habitantes de la ciudad de sus relojes, pero más tarde, por las noches se emborrachaban y se dedicaban al saqueo. Mataban y violaban mujeres a su antojo. Miles de berlineses ante esta desesperada situación se suicidaron.

Las esperanzas que los altos funcionarios nazis habían depositado en el ejército alemán se fueron esfumando. Algunos batallones, de los cuales se esperaba ayuda, se rindieron ante los estadunidenses. En la noche del 29 de abril, cuando el Ejército Rojo se encontraba a sólo 200 metros, Hitler se convenció de que ya no existía salida. El 30 de abril  puso en su boca una cápsula de veneno y se disparó una bala en la cabeza. Eva Braun, con quien Hitler poco antes había contraído matrimonio, tomó igualmente veneno. La radio anunciaba, poco después, que Hitler había muerto peleando hasta el último minuto. Al día siguiente en el búnker, Goebbels y su esposa se suicidaban, después de matar a sus seis pequeños hijos.

En total, la lucha por Berlín costó la vida de 78,291 soldados soviéticos y dejó 274,184 heridos. No existen datos sobre el número de muertos alemanes. Seis días después de la toma de Berlín, el 8 de mayo, la guerra llegó a su fin.