Las peores declaraciones de 2014

Hay tantas frases desafortunadas o absurdas de políticos, actores, deportistas, que elegir las peores de este año no es fácil. Muchas de ellas no son en sí absurdos lingüísticos. Lo que las convierte en expresiones faltas de sensatez es el momento, el contexto en el que se dicen. Es su relación con la realidad  lo que las hace ridículas. A mi modo de ver, hay tres frases que merecen su registro en la historia, porque ante ellas uno se pregunta si realmente el órgano cerebral y la boca tienen una especie de conexión.         

Indiscutiblemente la declaración más fuera de lugar la hizo el presidente. La segunda semana de noviembre, cuando todo el país reclamaba la verdad sobre el caso Ayotzinapa, cuando todos estábamos muy enojados por una de las peores barbaries ocurridas como consecuencia de la relación entre el poder político y el narcotráfico, Enrique Peña Nieto aseguró en un evento público que “pareciera que hay un interés de generar desestabilización, desorden social”.

¿Cómo puede reaccionar un presidente al reclamo de justicia de la sociedad aludiendo a fuerzas que ni siquiera él puede nombrar? No sé a Usted, pero a mí esas frases de “alguien quiere desestabilizar mi gobierno”, o busca “atentar contra el proyecto de nación que hemos impulsado”, me enojan. Si en efecto existe alguien con tal propósito, el presidente debe  mencionar las cosas por su nombre y decirnos quiénes se oponen a su “proyecto de nación”. Dicha oposición, sobra decirlo, es algo bastante sano en cualquier democracia. Pero, fomentar de esa manera el “sospechosismo”, la cultura de la suposición y de la paranoia política, no contribuye en nada a mejorar la relación entre el Estado y la sociedad. ¿No se supone que el presidente tiene la información que le proporcionan los servicios de inteligencia para realizar un discurso de afirmaciones  y no para andar aludiendo o suponiendo? 

Además, las declaraciones del presidente en ese momento sólo podían relacionarse a la serie de protestas por la desaparición de los normalistas. En otras palabras, criminalizar a los que manifestaban su enojo. Uno se pregunta, ¿dónde estaban los asesores presidenciales? ¿A quién se le ocurrió en los momentos más tristes del año aconsejarle al presidente repetir el viejo cuento de que él mismo era víctima de las fuerzas oscuras? Si bien a nadie nos gusta que las manifestaciones terminen en actos vandálicos, ¿qué sentido tenía en ese momento demonizar la molestia social?

La segunda declaración más desafortunada fue parte del discurso de la señora Angélica Rivera en que buscó justificar a través de un video la compra de una mansión en Las Lomas. Desde luego que esta joya retórica merece un análisis desde distintos ángulos, pero la frase que resulta inolvidable fue aquella en que afirma “entre otras cosas realicé telenovelas que no solamente fuero vistas en México, sino en muchas otros países del mundo con una alta audiencia”.

La declaración conduce a pensar que la esposa del presidente quiere dejar bien claro su estatus de estrella en el mundo del espectáculo. Y que por ello tiene altos ingresos. Pero, la forma contundente en que lo dice abre la puerta para que nos preguntemos si efectivamente se trata de esa diva que habita en los más altos cielos de la fama. Allí, junto a María Felix.

Si volteamos la mirada a la realidad, el escenario es muy diferente. Las televisoras nacionales nos presentan cada cuatro o cinco meses actrices jóvenes en el papel protagónico de su nueva telenovela. No es difícil encontrar varias actrices que comparten con Angélica Rivera su nivel de popularidad. La consecuencia de la desafortunada frase es que la primera dama se ve falsa al querer presumir una posición que no tiene. Con ello, la justificación de su ingreso también se desploma. La frase debe pasar a la historia, pues le sonó al auditorio como propia de un orgullo insufrible.     

La tercera declaración que pude inscribirse entre las peores del año, son las recientes afirmaciones de Jorge Vergara. En una entrevista con MILENIO, el dueño de las Chivas aseguró: “Sí es negocio Chivas, no soy tarugo”.

Desde que Jorge Vergara prometiera hacer de Chivas, no sólo el mejor equipo de México, sino del mundo, hace ya más de una década, sus declaraciones siempre han sido cuestionadas. Sobre todo por el contraste entre el tono petulante de sus afirmaciones con los magros resultados del equipo. Lo que llama la atención en las nuevas declaraciones de Vergara es la forma tan abierta en que exponen su insensibilidad ante la desilusión de la afición. Es el descaro con la que un dueño de equipo les repite a los seguidores de Chivas, que para él, son consumidores y no aficionados. Lo que importa es el negocio, y él lo sigue haciendo. La frase debe pasar a la historia por el cinismo con el que el dueño de un equipo de futbol pregona a los cuatro vientos lo listo que él es, por sus constantes ganancias, y al mismo tiempo por la ignorancia que muestra ante lo que ocurre en el alma del aficionado.

Gracias querido lector/lectora  por acompañarme cada domingo. Cantinflas decía que el primer deber de todo ser humano es ser feliz y el segundo es hacer feliz a los demás. Así que espero que el próximo año haya muchas oportunidades para que podamos practicar estos sagrados deberes.