El origen “chino” del tamarindo, el mango y el ceviche

Primera parte

 

Tanto la Sociedad de Geografía como el Colegio de Jalisco están preparando para los próximos días eventos académicos para recordar los 450 años del viaje de Miguel López de Legazpi a las Filipinas (partió el 21 de noviembre de 1564 del lugar que hoy es Barra de Navidad). El evento organizado por el Dr. Jaime Olveda en el Colegio de Jalisco reúne a prestigiados especialistas de México, Filipinas, Estados Unidos y España, que vienen a discutir sobre el tema. Y, ¿por qué le cuento esto?

Porque este viaje tuvo consecuencias en nuestras vidas y las sigue teniendo. Con el viaje de Legazpi se abrió un intercambio comercial que duró más de 250 años y que trajo a la entonces Nueva España una gran cantidad de productos. Es increíble lo poco conscientes que somos de la influencia cultural que tuvo el comercio con Filipinas, a través del galeón conocido como la nao de China. El tamarindo, la palma de coco, el ceviche, las guayaberas, los farolitos de navidad, y un sinnúmero de objetos que ahora son parte de nuestra cultura tuvieron su origen en los productos que trajo. Y aunque provenían de muy distintas culturas, como la filipina, la india y la china, para los habitantes de la Nueva España eran simplemente “chinos”.    

En los años del virreinato, el arribo del galeón de Manila era todo un acontecimiento. Cuando el mensajero enviado desde el puerto de La Navidad llegaba a la Ciudad de México y anunciaba la llegada del galeón de Filipinas en muchos grupos de la población estallaba un sentimiento de alegría. Las campanas de las iglesias repicaban, se ofrecían novenarios de agradecimiento y los comerciantes y oficiales reales emprendían el viaje a Acapulco para arreglar la llegada del galeón. Y es que no era para menos, la nao venía cargada de aquellos objetos que tanto apreciaba la elite novohispana, que le servían para exhibirse públicamente, mostrar su prestigio y grandeza.

El principal lugar de venta de las mercancías orientales era el Parián de la Ciudad de México, ubicado en el suroeste de la Plaza Mayor. Productos exquisitos como tejidos de seda y terciopelo, porcelana y piezas de marfil, muebles laqueados, especies exóticas y joyería pasaban a ser parte de los ajuares domésticos de un grupo social privilegiado que gustaba mostrar ostentosamente su estatus. Si bien el escenario de la pompa virreinal era la Ciudad de México, también las clases altas de Guadalajara y Puebla eran un mercado importante de los productos orientales. Pero la nao también traía artículos para todas las clases sociales y de alguna manera la influencia cultural de los productos orientales llegaba a todos los rincones de la Nueva España. Hay que mencionar, además, que ya en esos años se estableció un contrabando que operaba con el desembarque de algunos productos en las costas de Jalisco, antes de que el galeón llegara a Acapulco.  

En el galeón de Manila venían marineros, que ya no deseaban emprender el fatigoso viaje de retorno –casi tres meses en que debían enfrentar enfermedades como el escorbuto y la disentería, el hambre, las  tormentas y los huracanes-, comerciantes libres y esclavos “chinos”, que luego se casaban con mujeres nativas y permanecían en las ciudades, pueblos y haciendas y de diversas maneras transfirieron a los habitantes del virreinato elementos de su cultura. A estos inmigrantes, chinos, filipinos, japoneses e indios se les denominaba indistintamente como “chinos”. Para la posteridad, la más conocida de estos inmigrantes fue la que conocemos como “la china poblana”, probablemente una princesa de la India secuestrada y traída a la Nueva España.

Las costumbres de esos “chinos” en ocasiones se fundieron con las del virreinato, algunas de ellas de origen prehispánico o indígena, y les imprimieron sus particularidades. Es probable que así ocurriera con los juegos de naipes, las peleas de gallos, algunos juegos de azar, la preparación de platillos de pescado crudo, como el popular ceviche, etc.

Algunos productos, con el paso del tiempo y las influencias recíprocas, se convirtieron en auténticos híbridos, de  modo que es difícil precisar si su origen es americano o asiático, tal es el caso de la camisa para hombre conocida como filipina o guayabera; cuya paternidad la reclaman historiadores cubanos, pero también filipinos, que aseguran que, ya antes de la llegada de los españoles, los habitantes de las islas usaban una prenda similar.

No sólo productos culturales vinieron de las lejanas tierras al otro lado del Pacífico, también productos de la tierra, como el mango y el tamarindo, llegaron con el galeón de Manila. De regreso a Manila, el barco iba menos cargado. De la Nueva España salía sobre todo plata y en cantidades no muy significativas la cochinilla y el índigo, que en ese tiempo eran colorantes altamente apreciados.