¿Por qué el mayor filósofo del siglo XX fue nazi?

Heidegger, el profundo pensador, heredero y continuador no sólo de las ideas de los grandes filósofos alemanes sino también de la filosofía griega, asumió la rectoría de la Universidad de Friburgo, Alemania, el 27 de abril de 1933. El 1º de mayo del mismo año ingresaba al partido nazi. Con ello, empezaba una relación que, hasta en la actualidad, es objeto de una gran discusión entre todos los que se dedican las ciencias del pensamiento.

Entre los actos de Heidegger que más han despertado polémica, se encuentra el discurso que pronunció al asumir su cargo como rector. En esos tiempos, el filósofo ya no era un desconocido. Su libro El ser y el tiempo le trajo el reconocimiento internacional, por lo que el discurso despertó una enorme expectativa. Además, Heidegger lo pronunciaría pocos días después de que los nazis tomaron el poder.

Sirviéndose de conceptos extraños, Heidegger leyó un texto difícil de interpretar. En 1983, su hijo Hermann Heidegger publicó el discurso, añadiéndole notas que pretenden mostrar que el pensamiento de Heidegger en aquel entonces no coincidía con la ideología nazi.

Pero, el texto tuvo un efecto contrario. Historiadores y filósofos se dieron a la tarea de comprobar que Heidegger efectivamente era un partidario entusiasta del movimiento nazi. Un historiador chileno, Víctor Farías, sostiene que Heidegger, ya desde sus primeros escritos, era antisemita, ultranacionalista y partidario del ideario nazi.

De lo que no existen dudas es que en el año en que Heidegger ocupó la rectoría trató de acercarse a las altas esferas del régimen nazi.

El 20 de mayo Heidegger envió a Hitler un telegrama en el que le recomendaba homogeneizar a las universidades y que el partido nazi asumiera el control directo sobre ellas. En sus discursos, Heidegger continuó mostrando su apoyo y entusiasmo por el movimiento nazi, por ejemplo, en los actos masivos celebrados en Friburgo.

Un hecho significativo fue la dedicatoria de El ser y el tiempo. Cuando se publicó por primera vez, antes de la llegada de los nazis al poder, el texto estaba dedicado a su maestro Edmund Husserl, judío. Cuando el libro se volvió a editar, Heidegger pidió que retiraran la dedicatoria.

Entre las actividades del rector se encontraba en aquel entonces extender cartas de recomendación o de evaluación para algunos candidatos a ciertas cátedras. Heidegger era bastante estricto cuando se trataba de calificar los méritos académicos, pero durante su puesto como rector la posición política pasó a ser determinante. Dos casos resultaron realmente escandalosos.

Después de asegurarle al Dr. Baumgarten que podía contar con una carta de recomendación, Heidegger escribió a la asociación de profesores nacionalsocialistas que el candidato no era apropiado para ejercer la docencia. Baumgarten era judío.

Pero aún más escandaloso fue el llamado “caso Staudinger”. Gracias a la información que proporcionó sobre el químico Hermann Staudinger, quien por cierto algunos años más tarde recibió el Premio Nóbel, se hizo una denuncia en su contra en la comisaría de policía de Friburgo y la Gestapo empezó a investigar.  

Después de que Heidegger se enteró que Staudinger, durante su estancia en la Universidad Técnica de Zúrich había recibido la ciudadanía suiza, conservando la alemana, y de que sus actitudes eran francamente pacifistas pidió al Ministerio de educación que lo despidieran. Debido a sus intrigas, Heidegger logró poner la vida de un científico intachable al borde la ruina. Como las acusaciones se basaban en hechos ocurridos tiempo atrás, y porque Staudinger supo demostrar que era imprescindible para la futura política del régimen nazi, el químico pudo salir bien librado y conservar su puesto. Nunca se enteró que debía “su caso”, incluyendo los humillantes interrogatorios, a la iniciativa de Heidegger. 

Por motivos que aún no están del todo claros, Heidegger presentó su renuncia a la rectoría de la Universidad de Friburgo. Sin embargo, el filósofo continuó pagando sus cuotas al partido nazi hasta que la guerra terminó.

Después de su renuncia, Heidegger prefirió el aislamiento. Pero, ¿qué impulsó a este profundo pensador a colaborar con los nazis?  Hay que descartar ambiciones personales en el ámbito profesional. Su libro El ser y el tiempo le trajo, como dijimos, el reconocimiento mundial. Sus seguidores afirman que Heidegger tenía un sincero deseo de mejorar la situación de las universidades alemanas, primero a través de la rectoría en Friburgo, y, más tarde, a través de la Junta de Rectores Alemanes. Y, en efecto, en aquellos años, el nivel académico de las universidades alemanas había bajado. Muchos académicos esperaban que en las universidades se introdujera un orden más estricto y que apareciera una voluntad de renovación.

Pero otros historiadores suponen que Heidegger tenía un motivo aún más poderoso, pues esperaba convertirse en el Führer del Führer, es decir, en el filósofo del movimiento nazi. Desde el “Discurso de la Rectoría”, los nazis se dieron cuenta de esta pretensión. Sin embargo, el Ministro Wacker, sostenía que Heidegger tenía un “nacionalsocialismo privado” que no compartía las ideas del programa del partido y que no se fundamentaba en la ideología racista.

La casi indiferencia con la que el mando nazi reaccionó a sus “ofertas” lo llevaron a una profunda decepción. Uno de sus biógrafos afirma que Heidegger sólo tenía para los funcionarios del partido nazi “un valor decorativo”.

Después de la guerra, los aliados revisaron la labor de cada profesor universitario durante el régimen nazi, conforme a la evaluación, dictaminaban si podría continuar trabajando en la universidad. A Heidegger le fue negado su reingreso a la vida académica.

Durante casi toda su vida Heidegger evitó referirse a su labor como rector. Públicamente nunca se retractó de sus simpatías por los nazis.