El más guapo del Mundial es…

No existe duda de que el Mundial es también un lugar para exhibir la belleza masculina. En el estadio, ocurre un espectáculo que tiene mucho en común con las primitivas prácticas de  nuestros ancestros, arraigadas profundamente en la evolución del ser humano. Sobre todo, la cultura del aficionado se deriva de una primitiva psicología de la tribu.

Hace miles de años, los miembros de las tribus de la especie antropológica se reunían para presenciar enfrentamientos, sobre todo entre los jóvenes. Ahí se podía constatar su fuerza física y sus destrezas corporales. Cuestiones vitales, pues de ellas dependían las posibilidades de sobrevivencia de la tribu en caso de que un grupo extraño atacara, lo cual era frecuente. Era muy importante saber qué tan fuerte era la tribu o el grupo en relación a los enemigos, pues un cálculo equivocado podía tener consecuencias fatales. En ese entonces, uno de cada tres hombres moría en la guerra.    

Para los jóvenes participantes en estas luchas, tal exhibición era un motivo de orgullo. En las formas primitivas de deporte los hombres les mostraban a otros hombres su fuerza y heroísmo. Pero también mandaban un mensaje: hacían ver que valía la pena cooperar con ellos y que era riesgoso tenerlos como enemigos. 

Además, las luchas deportivas ofrecían la oportunidad para que los jóvenes perfeccionaran capacidades necesarias en la caza y en la guerra, sin caer en peligro de muerte. De este modo, se entrenaban la fuerza, la velocidad, y la cooperación.

A estos motivos, hay que agregar todavía una razón más para participar en las luchas y mostrar músculos y destrezas: Mediante ellas se podían hacer puntos entre las espectadoras. 

Desde entonces el esfuerzo deportivo y la exhibición de la belleza física han ido de la mano. De hecho, el futbol es uno de los deportes que tiene una mayor carga erótica. El primer jugador de futbol que hizo de su belleza un instrumento de comercialización fue David Beckham. Su cuerpo sirvió para aumentar las ventas de ropa interior del emporio Armani. Un caso actual de esta unión entre deporte y belleza es la portada de la versión española de la revista Vogue, que muestra a Cristiano Ronaldo desnudo detrás de su novia, la modelo Irina Shayk, ella sí vestida. 

Hace un par de años, el profesor de sociología Ulrico Rosar trató de mostrar la relación entre la belleza física de los futbolistas y sus rendimientos en la cancha. Después de analizar los resultados de una encuesta online, que sirvió para elegir entre 483 jugadores profesionales a los más atractivos, el profesor concluyó que los jugadores feos juegan mejor el futbol. La explicación que dio era muy sencilla: los más feos deben esforzarse más que los hombres atractivos, a quienes se les facilita más participar en el equipo. Creo que esto podría aplicarse muy bien a los jugadores mexicanos Oribe Peralta y Héctor Herrera. No son muy atractivos, pero muestran una gran habilidad en el terreno de juego. 

En una muy elemental encuesta que realicé con la ayuda de una de mis alumnas, Vania Ríos, en que les propusimos a las aficionadas eligieran al más guapo del Mundial,  los resultados fueron los siguientes: Mats Hummels, de la selección alemana 14 votos; Rafa Márquez, de la selección mexicana 6; Chicharito, selección mexicana, 5;  James Rodríguez de la selección colombiana 3; Hulk, de la selección brasileña 3, y Benzemá, de la francesa 1.   

Desde luego, que dicha encuesta no tiene valor científico.