El falso amor de Tchaikovsky

Después de leer la apasionada carta de una estudiante, en la que no sólo le daba a conocer su admiración, sino también sus sentimientos amorosos, Tchaikovsky sintió curiosidad por conocer a tan atrevida dama. Cuando el compositor la visitó, la joven logró que el famoso músico le propusiera matrimonio. Tres días antes de que se celebrara la boda,  Tchaikovsky, en una carta,  aclaraba lo que lo había motivado a dar tal paso:

“Hace ya tiempo recibí la carta de una jovencita que había conocido en el pasado. En sus renglones mostraba que me amaba desde hacía tiempo. Esta carta sonaba tan cariñosa y sincera que decidí contestarle, lo que en otros casos hubiera evitado… Sería ir demasiado lejos si le participara los detalles de la correspondencia, pero, finalmente, cumplí su deseo y la visité. ¿Por qué lo hice?  Hoy me parece como si un poder oculto me hubiera empujado a ella. En nuestro encuentro, le aclaré que sólo podía corresponder a su amor con agradecimiento y simpatía. Sin embargo, cuando la dejé, empecé a reflexionar sobre la ligereza de mi comportamiento…

Concluí que, en caso de que me arrepintiera, después de haber ido tan lejos, haría a la joven realmente infeliz y la empujaría a un final trágico… Apenas puedo describirle los terribles sentimientos que me atormentan desde esa tarde… Me caso sin amor, porque las circunstancias lo exigen y porque no puedo actuar de otro modo…”

El 18 de julio de 1877 se llevó a cabo el enlace. En una de las cartas que Tchaikovsky escribió durante el viaje de bodas, confesó haberle aclarado a su esposa que sólo podía contar con “un amor fraternal”. En una de ellas confesaba, incluso, que su esposa le había resultado “corporalmente repugnante”.

El matrimonio no duró ni siquiera tres semanas. El 7 de agosto Tchaikovsky confesaba en una carta: “En una hora parto de viaje. Unos días más y, se lo juro, me  hubiera vuelto loco”.

Después de una estancia de cuatro semanas en Kamenka, donde Tchaikovsky pudo recuperarse y trabajar en su Cuarta Sinfonía, regresó a Moscú, al lado de su esposa. Estaba decidido a reconciliarse con ella, a combatir el distanciamiento y, según le confesó a su hermano, “a descubrir todas sus cualidades”.

Pero, después de tres semanas, en que Tchaikovsky se sintió atormentado por la vida que llevaba, abandonó la casa durante la noche y caminó desesperado por los parajes solitarios a lo largo del río Moscova. En medio de la oscuridad, entró al agua, que tenía una temperatura bastante baja. Al llegarle ésta al pecho, Tchaikovsky decidió regresar. Sólo su amigo Kachkin se enteró de este intento vacilante de suicidio. A su esposa le platicó que había caído en el río, al estar pescando.

Después de esta experiencia, Tchaikovsky estaba consciente de que se encontraba próximo a la locura y que debía cambiar su vida. Con el pretexto de un telegrama que le señalaba la urgencia de trasladarse a San Petersburgo abandonó Moscú en un estado de confusión mental.

Anatol, quien lo recibió a su llegada en la estación ferroviaria de San Petersburgo, relató que apenas pudo reconocer a su hermano. En sólo un mes, su rostro había cambiado notablemente. De la estación, Tchaikovsky se dirigió al hotel más próximo, el hotel Dagmar. Ahí, después de un agudo ataque de nervios, perdió la conciencia. En ese estado permaneció 48 horas. Cuando la crisis pasó, los médicos opinaron que la única posibilidad de que el enfermo recobrara la salud era cambiando radicalmente su forma de vida.

Tchaikovsky no volvió a ver a su esposa nunca más, aunque el matrimonio no se disolvió  oficialmente.

Después de su fracaso matrimonial, Tchaikovsky partió a Clarens, en Suiza, y poco después hizo un viaje de siete meses por Europa, junto con su sirviente Alexei Sofrónov, quien le acompañaría más tarde en casi todos sus innumerables viajes.

El estado psíquico de Tchaikovsky mejoró notablemente gracias a la ayuda que en ese tiempo empezó a brindarle la señora de Meck. En los últimos días de 1876, Tchaikovsky recibió una carta de una admiradora que le había solicitado una composición. Ese fue el inicio de una amistad que duraría casi hasta su muerte. Aunque Tchaikovsky y la señora de Meck nunca se encontraron personalmente, la correspondencia entre ambos asciende a más de 1,204 cartas, la mayoría de ellas, muy largas.

Nadeshda de Meck tenía 45 años, cuando su marido murió. Era madre de once niños y poseedora de una fortuna considerable. Su esposo había logrado amasar tal riqueza gracias a la construcción de líneas de ferrocarril. Nadeshda era una persona bastante tímida con un corazón sensible y un gran amor a la música.

Después de varios encargos musicales que la Sra. de Meck hizo a su apreciado amigo, decidió otorgarle una renta mensual que libró a Tchaikovsky de sus constantes penurias económicas. En el año de 1890, Nadeshda de Meck decidió suspender la ayuda financiera que le prestaba a su querido amigo. En su carta justificó tal decisión, aduciendo que había perdido su fortuna. Cuando Tchaikovsky se enteró que esto sólo era un pretexto, tuvo un arranque de furia.

Sobre los motivos que llevaron a la Señora de Meck a dar tal paso, existen muchas especulaciones. Una de ellas, descrita por su nieta, señala que tomó esta decisión cuando su hija Alejandra le hizo saber de las tendencias homosexuales Tchaikovsky.