Las desgracias del PAN

En días pasados, Juan Ignacio Zavala, uno de los miembros más prominentes del Partido Acción Nacional abandonó a su partido sin ofrecer muchas explicaciones. Cuñado del ex presidente Felipe Calderón, Zavala es colaborador de Milenio, y entre sus méritos destaca el haber intentado salvar del desastre la campaña de Josefina Vázquez Mota a la presidencia de la República. También a nivel local, el Dr. Macedonio Tamez decidió dejar a la institución política a la que perteneció por 44 años, decepcionado por la mediocridad e ignorancia de los miembros del partido. Con él, el PAN perdió a uno de sus políticos más honrados y capaces. Macedonio, como todos lo conocen, fue columnista del desaparecido diario Siglo XXI y presidente municipal de Zapopan. Ambos simplemente se fueron ¿Pero por qué un partido no puede conservar a los miembros que le dan prestigio, que contribuyen a  hacer su oferta política interesante e inteligente, y en dado caso, le podrían aportan un buen número de votos?

Por otro lado, el PAN en Jalisco nunca ha hecho un intento por distanciarse de quienes han sido acusados de corrupción. Todos aquellos que han sido señalados en las administraciones panistas por corruptos ahí están. Esperando el momento para volver a la arena política, apostando a la falta de memoria del ciudadano. Su lugar dentro del  PAN permanece inmaculado, como si los señalamientos sólo fueran vientos temporales.   

Pero, Usted lector, ¿votaría por un partido en que los honrados e inteligentes renuncian a su militancia y que tolera a quienes han demostrado que son corruptos y codiciosos? Pues yo tampoco. Así que no se entiende cómo un partido que está en la lona, de menos en Jalisco, no se preocupe por limpiar la casa. Para comprenderlo hay que echar un vistazo al interior del partido. 

Las tragedias de Acción Nacional son de distinta etiología, pero la esencial, la que lo ha llevado a uno de los peores momentos de su historia es la contradicción entre sus ideales democráticos y las prácticas internas de elección de candidatos. Sus elecciones internas a las candidaturas de diputados, senadores, alcaldes y gobernador son una extraordinaria simulación de ejercicio democrático, una verdadera farsa. 

Si Usted, estimado lector, imagina una membresía panista que, convencida del valor de la democracia, elige al mejor candidato, está muy equivocado. Grupos internos, muchos de ellos basados en familias, van a las urnas a votar el día de la elección como muestra de agradecimiento a aquellos candidatos que les han dado trabajo. La divisa es chamba por voto, el mismo clientelismo practicado por PRI durante muchos años. La diferencia es que los panistas dijeron que ellos no hacían esto.  

Un buen candidato, independiente de los grupos, le puede ofrecer a la membresía de su partido un análisis riguroso de las leyes que Jalisco necesita para avanzar. ¿Cree que hay alguien en el PAN interesado en oírlo? ¡Claro que no! La membresía va a votar por aquél que les ofrezca trabajo en el Congreso, en el Ayuntamiento o en el Gobierno del Estado. En el PAN el discurso ético es totalmente ajeno.

Acción Nacional ha perdido la brújula porque simplemente ha sido incapaz de traducir sus principios democráticos en unas elecciones internas limpias. Se ha preocupado por mantener una membresía de la cual no pueden surgir liderazgos de calidad. No existe, creo que con excepción del ingeniero Alberto Cárdenas, regidor de Guadalajara, o del ingeniero Martínez Mora, alguna voz que se pronuncie sobre los problemas de Jalisco con conocimiento y con autoridad moral. No hay alcalde, diputado, jefe partidista estatal o municipal que aparezca en los medios con argumentos críticos razonables sobre las políticas públicas.  

El PRI, en este sentido, tiene una cómoda oposición. El partido que en algún momento ofreció cambio, esperanza y bienestar, fue incapaz de presentar a la ciudadanía una generación de políticos diferentes. En el terreno político, pasó a ser la decepción mayúscula de la clase media en los últimos años. Y digo de la clase media porque sus fundadores explícitamente pensaron en ella y sus intereses cuando le dieron un perfil al partido.

El PAN no puede seguir perdiendo militantes notables de esa manera. Debe plantearse de una vez por todas qué clase de partido pretende ser, cuáles son los principios que pretende seguir y cuál es la oferta política que desea presentar a los ciudadanos. Debe entender que estas cuestiones implican su supervivencia. ¿Cómo buscará empezar alguna campaña electoral exitosa el próximo año, si todo discurso o lema se desvanece ante la falta de legitimidad que supone el haberse convertido en una cueva de pillos? 

Por otro lado, creo que los ciudadanos debemos vigilar con más cuidado lo que ocurre en los partidos, ventilar sus vicios y gratificar con el voto a los buenos candidatos que lleguen a presentarnos. Si no hacemos esto, nunca superaremos la miseria política en la que estamos. El PAN, por su parte, debe retomar su tradición opositora, ejercer una crítica razonable al partido gobernante, pero ante todo, debe limpiar la casa.