¿Qué tanto conoce Guadalajara? Parte II

La semana pasada, le propuse medir sus conocimientos sobre los templos de Guadalajara. Así que ahora veamos las respuestas.

El Sagrario Metropolitano

A más de alguno les parecerá bastante curioso que la fachada del Sagrario Metropolitano, anexo a la Catedral, muestre en la parte central el candelabro judío. Éste es parte de los símbolos del antiguo testamento que adornan el friso, por lo que no tiene relación con la comunidad judía del pasado. Desde luego que tampoco se trata de un lenguaje secreto de los constructores de catedrales.

La boda de Juan Rulfo

¿Cómo sé en qué templo se casó Juan Rulfo? Existe un bello documental realizado por Juan Carlos Rulfo, el hijo del escritor, que lleva el título "Del olvido al no me acuerdo". En una de sus últimas escenas aparece la esposa de Juan Rulfo, Clara Aparicio, buscando en el Parque de la Revolución la banca en la que el escritor le pidió matrimonio. Como en este parque todas las bancas se ven iguales, le fue imposible identificar la correcta. Luego, aparece una escena en el Templo del Carmen en que ella camina por el pasillo central. Seguramente recordando cuando lo recorrió el día que se casó. Poco a poco las lágrimas aparecen en su rostro. Y uno termina llorando con ella.

El Templo de la Merced

El escudo que el Templo de la Merced luce en la fachada lateral que da al atrio es el de la orden de los mercedarios. Este escudo muestra la cruz de Jerusalén y las barras del condado de Barcelona, que en tiempos pasados estuvo vinculado al reino de Jaime de Aragón. Esta orden se fundó con el fin de rescatar a caballeros cruzados que habían caído en manos de sarracenos. Por cierto, en la sacristía del templo se conserva un extraordinario cuadro de uno de los grandes pintores tapatíos en la época del virreinato: Diego de Cuentas.

La escultura en el Templo de Santa Mónica

La proverbial escultura en la esquina de Reforma y Santa Mónica representa a San Cristóbal.

Este santo fue muy aceptado por los indígenas, pues, según la leyenda, Cristóbal fue un gigante que ayudó al niño Jesús a cruzar un río, colocándolo en su hombro. Los indígenas, al oír esto, lo asociaron con los antiguos teomamas que en tiempos nómadas cargaban a sus dioses de un sitio a otro. Según los restauradores del templo, al limpiar la imagen de San Cristóbal, encontraron un hueco en su pecho con un espejo. Seguramente colocado ahí por los indígenas que lo labraron que vinculaban el espejo con "el alma".

San Felipe Neri

El templo de Guadalajara que todavía hoy en día muestra en su fachada los cañonazos de la guerra de Reforma es San Felipe Neri. En 1852, durante las luchas entre conservadores y liberales el general conservador Severo del Castillo le infringió esos daños. Muy acertadamente la restauración del templo que se está realizando conserva estas huellas de su historia.

La Catedral de Guadalajara

Las torres de la Catedral se cayeron en el terremoto de 1847. Las nuevas fueron construidas por el arquitecto Manuel Gómez Ibarra. En tiempos pasados todo niño tapatío conocía la anécdota que relata que el obispo Aranda y Carpinteiro, estando comiendo pitayas en un plato italiano, observó unas torres barrocas. Le agradaron tanto que luego le pidió a Gómez Ibarra que construyera en la Catedral unas similares. Las torres son de piedra pómez y están cubiertas de azulejo de Sayula. Al pie del altar de San Clemente, por cierto, se encuentra el sepulcro de su primer constructor, Martín Casillas.

El Calvario

En los años cincuenta, Luis Barragán construyó el fraccionamiento Jardines del Bosque. Entre las obras que realizó aquí se encuentra el Templo del Calvario, que muestra las típicas características de la arquitectura del tapatío: trazos rectos, espacios planos y techos altos.

El Fraile de la Calavera

El fraile de la calavera, llamado así por Carlos III, fue Fray Antonio Alcalde. El rey de España lo llamaba de este modo, después de conocerlo en una visita al Convento de Nuestra Señora de Valverde. El monarca después de una partida de caza se sintió muy cansado y sus acompañantes le buscaron el mejor aposento a efecto de que pudiera reposar. Creyeron que ese sitio sería la celda del prior del convento. Para sorpresa del soberano y sus cortesanos, en lugar de un cómodo recinto encontraron una paupérrima habitación. Su único adorno era una calavera, que Alcalde había colocado sobre una mesa, para tener presente lo perenne de la vida terrenal. Luego Carlos III envió a Alcalde a ocupar el Obispado de Yucatán y posteriormente el de Guadalajara. Los restos de este gran benefactor descansan en el presbiterio del Santuario de Guadalupe.

La Capilla de Aranzazu

Este templo fue financiado por la comunidad vasca que residía en Guadalajara, sobre todo por el rico hacendado y minero Francisco Xavier Vizcarra, de origen vasco, quien era dueño de grandes haciendas que surtían a la ciudad de carne, como la Hacienda de Toluquilla o La Sauceda, que anteriormente había sido de los jesuitas.

Agradezco mucho al Maestro Mauricio Romero por su apoyo en la redacción de esta columna.