“… Y la ciudad, sin un solo juez justo, ardió para siempre”

Un día se le apareció Dios a Juan y le dijo: Juan, reúne a tu familia, junten sus cosas y váyanse de la ciudad.


Juan, bastante desconcertado, le preguntó, ¿Por qué, Dios?

Dios: Esta ciudad está llena de corrupción y violencia. No hay jueces justos, ni impera la decencia, así que haré llover fuego del cielo.

Juan: ¡Noooooo! Dios, dame la oportunidad de encontrar veinte jueces justos. Te traeré la lista y tú desistirás de tus intenciones.

Dios: Está bien. En tres días nos veremos.

Juan fue entonces lleno de optimismo al TAE. Sí, al Tribunal Administrativo, ese que otorga permisos para construir lo que por ley está prohibido.  Buscó un juez justo, pero no encontró ninguno. Así que volvió con mucha pena a su encuentro con Dios.

Dios: ¿Ya tienes la lista? ¿A cuántos encontraste? 

Juan: No encontré ninguno, pero dame otra oportunidad. ¿Sería suficiente si encontrara a diez jueces justos?

Dios: Esta bien, Juan. Nos veremos en tres días.

Juan, preocupado, fue entonces a los Juzgados de Guadalajara, al nuevo Sistema de Justicia Penal, a los tribunales, a los colegiados, a los federales, a los unitarios, a los distritales, a los electorales, a las magistraturas y, de nuevo, no encontró a nadie.  Llenó de tristeza se reunió con el creador.

Dios: Juan, ¿cuántos encontraste?

Juan: No encontré ninguno, pero dame de nuevo otra oportunidad. ¿Sería suficiente si encontrara a tres jueces justos?

Dios: Esta bien, Juan. Nos veremos en tres días.

Juan, ya desesperado, buscó a algún juez inmaculado. Por fin, le recomendaron al juez Parménides, pero, cuando Juan le preguntó si podría anotar su nombre en la lista que sería entregada a Dios para salvar a la ciudad, el juez le pidió a cambio dos millones de pesos.

¡Dos millones! Pensó Juan. No tenía ese dinero y ponerlo en la lista significaría entonces engañar a Dios. Con el papel en blanco, se presentó de nuevo ante Dios.

Dios: ¿Cuántos jueces justos encontraste?


Juan: Me voy. Mejor, dame un mapa de carreteras seguras, no vaya a caer en un hoyo profundo con todo y burro en el camino. Seguramente, algún día volverá la justicia a este pueblo, pero ahora, no pude encontrar lo que me pediste.

PD: Si Usted conoce algún juez justo y honrado, por favor, hágaselo saber a Juan. Su nombre será incluido entre los salvadores de la ciudad. Aún quedan dos días para su partida.    

 

Y el ratón vaquero sacó su pistola, inclinó el sombrero y me dijo a solas…

Antes de que le diga lo que balbuceó el ratón vaquero, déjeme describirle el contexto.  Evidentemente que la inseguridad y los niveles de violencia que ahora padecemos no son sólo responsabilidad de las fuerzas encargadas de capturar criminales, es decir, de las policías y, dado el caso, el Ejército.

Hay una larga cadena de peritos, ministerios públicos, fiscales y jueces que intervienen en el proceso que debería garantizar la seguridad de los mexicanos. Sin embargo, la impartición de justicia se ha convertido en un ámbito obscuro y ajeno para los ciudadanos. Nuestra educación cívica en este terreno es francamente muy pobre. Y el Poder Judicial, argumentando la autonomía que le otorga la Constitución, deja ver muy poco la manera en que se desarrollan las sentencias.  ¿Por qué le escribo esto?

Porque en las últimas semanas, de forma inusual algunos de los actores de la seguridad y la justicia han tomado la palabra para criticar y defender ese hoyo negro (para el ciudadano de a pie), que lleva el rubro de Nuevo Sistema de Justicia Penal.

En esta discusión hay dos señalamientos que merecen nuestra atención. El Comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales afirmó la semana pasada que antes de la entrada en vigor del nuevo modelo acusatorio de cada diez asesinatos cuatro se cometían con armas cortas o largas, actualmente es de casi siete por cada diez.

Y otro dato que nos debe hacer pensar es el siguiente: De enero a mayo de 2017 la cifra de personas asesinadas a tiros fue de 6 mil 500; mientras que, en el mismo periodo de 2015, murieron 3 mil 700, es decir, hubo un incremento de 73%. ¿No le parece terrible este aumento en el número de homicidios?

Bueno, pues el mismo Comisionado de Seguridad piensa que esto se debe a la reforma a las leyes que ya no castigan con cárcel la portación de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército con cárcel.

El segundo señalamiento lo hizo el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, José Ramón Cossío, quien explicó que, en base a las nuevas leyes, se abre la posibilidad de que las personas actualmente presas que hayan iniciado su proceso con el sistema anterior puedan solicitar su libertad (!!!)

El ratón vaquero, horrorizado ante calles llenas de criminales con armas de alto poder, prefirió no decir nada y regresar a los montes.