El balón y las leyes de la vida

Emiliano, alias Liano,  está muy contento porque el equipo mexicano logró ir al mundial. Aunque todavía se acuerda que por poco queda fuera. En la eliminatoria cada vez que veía al equipo mexicano entrar a la cancha, a Liano le corría una extraña energía por el cuerpo. ¡Cómo sufrió con las derrotas! ¡De seguro México no estaría en Brasil! Pero, al final gracias a la estadística, la ayuda de los “primos” estadunidenses, que derrotaron a Panamá, y al cambio de entrenador estamos en el Mundial. Y Liano, que acaba de comprar su camiseta verde en una cadena de supermercados, sabe que gozará y sufrirá con el equipo mexicano en cada partido. Y está bien que así sea.       

Los motivos por los que Liano se sentará frente a su pantalla, como miles de personas, a disfrutar de la fiebre futbolística ha sido objeto de análisis de psicólogos y sociólogos. Es muy probable que, como afirman algunos psicólogos, las razones últimas que mueven a Liano a seguir el futbol sea un antiguo instinto de caza. La búsqueda de la pelota toca, según su opinión, los restos de un instinto por perseguir y atrapar, que ha terminado siendo innecesario en nuestra actividad diaria y que ahí encuentran una forma de canalización.

Pero esto no puede ser todo. Y menos cuando se trata de analizar la profunda identificación que el espectador experimenta con el equipo. Coincido con los que creen que la fascinación del futbol se debe a que éste resume en su dinámica interna casi todas las reglas de la vida misma. No existe una jugada, un partido, un resultado que no sea reflejo de las leyes naturales o sociales, que en todo momento definen el transcurso de la vida misma. 

Como en la vida, en el futbol sucede a menudo que alguien hace el trabajo, el que prepara el triunfo, pero es otro quien viene a completar la acción final, el que se lleva el mérito, el que pasa a las estadísticas. También, como en la vida, en el futbol no siempre gana el mejor. Los pronósticos fallan. Y a veces quien resulta triunfador no es aquel que tuvo una mejor preparación, sino a quien la suerte o alguna circunstancia inesperada favoreció. 

A veces los penalties reflejan lo que a veces nos ocurre: por una pequeña falta que cometimos  en una situación desesperada pagamos un precio muy alto. Otras veces merecemos el castigo: “no entramos” como debíamos. Y, a veces, aunque todo parece estar perdido y sentimos que todos están en contra nuestra, nos “salvamos”. Y así se podrían seguir enumerando un sinfín de las analogías futbolísticas y existenciales. 

El lugar privilegiado que ocupa el futbol con relación a otros deportes parece encontrarse en el gol. Ningún otro momento en los deportes puede desencadenar un momento tan eufórico como el gol. En otros deportes, como en el básquetbol, los “puntos” se repiten con demasiada frecuencia y la sensación de triunfo se debilita. En otros, la forma de lograr el triunfo es bastante estandarizada, no ofrece muchas variaciones, como los hits en el béisbol.

Pero en el futbol el gol es impredecible. Puede haber un acoso constante frente a la portería y el balón se niega a entrar. O por el contrario, una situación inesperada, por ejemplo una falla elemental del portero, puede conducir al gol; puesto que en un partido se anotan entre uno y cuatro goles, uno de ellos puede ser decisivo. 

Dado que el mundo moderno nos priva en la vida diaria casi por completo de experiencias eufóricas, el futbol y los goles abren la posibilidad de vivir el momento en que se decide “todo”, en que se logra “todo”. En otras épocas, sobre todo en aquellas en que las acciones humanas estaban dirigidas directamente a lograr la supervivencia, la búsqueda, el esfuerzo y el éxito estaban llenos de sentido. El éxito era una cuestión de vida o muerte. Pero en la medida en que esta forma de satisfacción se fue mediatizando, el momento eufórico del triunfo fue desapareciendo de nuestras vidas. Indudablemente obtenemos satisfacciones que se desprenden de nuestros logros, pero rara vez experimentamos ese momento en que sabemos que “todo” se decide.

Si el futbol “imita” a la vida, a quién le puede extrañar que por algunos momentos la vida sea suplida por el futbol. No me refiero a los deportistas profesionales, sino a todos nosotros, a todos aquellos que al igual que Liano veremos cómo las leyes del balón son las mismas que las leyes de la vida y que la existencia bien puede reducirse por un par de horas a lo que ocurre en el lugar sagrado de la cancha. 

Doctora en Sociología, Historia y Psicología por la Universidad de Freibourg, en Alemania.