Los árbitros

Los comentarios sobre el triunfo de la selección mexicana no han dejado de señalar lo que hubiera echado por tierra las ilusiones verdes: el mal arbitraje. El árbitro en el encuentro contra Camerún se equivocó sin duda, de menos, en uno de los dos goles que le anuló a Giovani dos Santos. También el árbitro japonés Yuichi Nishimura en el juego contra Croacia le regaló un penalti al equipo anfitrión. Y en el juego de Holanda contra España hubo algunas decisiones arbitrales muy cuestionables. Estas situaciones hacen que nos ocupemos de los hombres que tienen en su silbato el poder de decidir un partido. La primera pregunta que hay que responder es: ¿Quién elige a los árbitros del Mundial?

Los responsables son los miembros de una comisión de 17 jueces de la FIFA presidida por el irlandés Jim Boyce. Los reglamentos de la FIFA establecen que el árbitro de un partido en un Mundial no debe provenir de ninguno de los países que conforman el grupo. En su designación se busca además que no provenga de la misma región de la que vienen los equipos que se van a enfrentar. Ningún silbante de Europa o Sudamérica hubiera podido silbar en el juego inaugural de Brasil contra Croacia.

En un Mundial no se trata de convocar a los mejore árbitros, sino de lograr que los países estén representados. (Sí, lector, leyó bien). Los 25 árbitros que participan en este Mundial provienen de todas las asociaciones de fútbol, más o menos en base al mismo principio de distribución de los equipos.

Los árbitros que silbarán en este Mundial han recibido una cuidadosa preparación desde hace dos años. De la lista de 52 candidatos calificaron 25. Lo silbantes han recibido cursos de idiomas así como entrenamiento mental para enfrentar situaciones difíciles. En este Mundial todos los árbitros se encuentran recluidos, como si fueran un equipo, en un lugar cerca de Río de Janeiro. 

En este Mundial la FIFA ha querido facilitar el trabajo de los silbantes con dos novedades: la primera es el uso del spray que marca el lugar de la barrera en caso de tiro libre y la segunda es el uso de la tecnología para determinar, en caso de duda, si el balón entró o no a la red.

Sin embargo, el trabajo de los árbitros no se presta para que reciban mucha ayuda. En los casos de fuera de lugar, el promedio de error en las decisiones arbitrales se encuentra alrededor del 20 por ciento (o no lo marcan cuando deben o marcan un fuera de lugar que no lo es). Este porcentaje es muy alto. Estudios han demostrado que la causa principal del error reside en la percepción, concretamente en la perspectiva que tiene el juez de línea que la mayor de las veces se coloca detrás del último defensa (en promedio 1.18 metros).

Pero existe una buena cantidad de estudios que muestran algunas causas por las que los silbantes toman decisiones equivocadas. En un experimento realizado por Frank y Gilovich se mostró que los equipos que portan camisetas negras tienen una probabilidad mayor de ser penalizados. En casi todas las culturas el color negro está asociado a las agresiones. Esto hace que el comportamiento de los jugadores que portan camisetas negras sea considerado por los silbantes más bien como juego agresivo, que por ejemplo, los jugadores que visten una camiseta blanca. A un grupo de árbitros se les mostró una serie de videos con idénticas jugadas, en que el equipo atacante portaba camisetas negras y su adversario camisetas blancas, y luego al contrario. Su tarea consistía en señalar, inmediatamente después de observar cada jugada, si la penalizarían. Y el resultado fue que el equipo con camisetas blancas recibió una cantidad considerablemente menor de penalizaciones.

No sólo una gran gama de situaciones sociales ejerce una influencia en las decisiones de los árbitros, también las decisiones anteriores en un mismo partido afectan considerablemente las ocasiones en que silban alguna falta. Por ejemplo, cuando ya han marcado un penalti al equipo A, existe una tendencia a marcarlo también al equipo B.

En la psicología del deporte se considera que existen cuatro situaciones que determinan las decisiones de lo árbitros en la jugada misma. La primera es la percepción ¿Vio al jugador golpear la pierna del adversario. La segunda es la categorización  ¿Considera que está situación es una falta?  La tercera, memoria. ¿Recuerda si el mismo jugador ya está advertido? Y cuarta, el proceso de decisión, en que resume toda la información para decidir si marca un tiro libre o saca la tarjeta amarilla. Para evitar estos errores se busca mejorar las capacidades del árbitro o introducir tecnologías que le permitan hacer un diagnóstico rápido y correcto.

Pero esto no ha logrado evitar las sospechas. La decisión del árbitro japonés contribuyó a marcar el curso del partido de Brasil contra Croacia. Una derrota del equipo anfitrión hubiera atizado las protestas sociales, hubiera vuelto más dramático el clima de insatisfacción. Y a nosotros, de no ser por el gol de Peralta, las decisiones del árbitro nos hubieran dejado el alma como las camisetas de los jugadores expuestas al diluvio brasileño: mojadas y tristes. Ningún Cielito Lindo las hubiera podido animar.

 


*Doctora en sociología, historia y psicología por la Universidad de Freibourg, en Alemania