La Secretaría de (in)cultura Jalisco

Estimado Lector, imagínese que Usted entrara al Museo de Antropología e Historia de la Ciudad de México y sus salas estuvieran ocupadas por los escritorios de un contingente de burócratas. O, ¿Qué le parecería que hiciera un viaje a París y resultara que las salas del Museo Louvre, en lugar de piezas maestras, albergaran una horda de funcionarios?

Bueno, pues esto que pareciera una pesadilla o algún episodio de una novela surrealista ocurre en Guadalajara. El edificio que estaba destinado a acoger las piezas que documentan nuestro pasado prehispánico tendrá que renunciar a alguna de sus salas, para ofrecerles condiciones de trabajo a quienes pretenden oficialmente fomentar la cultura. La víctima de tal absurdo es el edificio recién restaurado conocido como “la quinceava”, y que hasta hace poco estaba en posesión del ejército. Se trata de una magnífica construcción de finales del siglo XIX, realizada por el ingeniero Antonio Arróniz,  que albergó al Seminario Conciliar de Guadalajara y testimonia la influencia de la arquitectura italiana en la ciudad. 

Hay otros factores que hacen esta situación aún más grave. En la Administración estatal pasada, la Secretaría de la Defensa Nacional traspasó al Gobierno del Estado el inmueble. En el documento que regula el cambio de propietario se especifica que el edificio será destinado a museo (párrafo 1 del dictamen de la Dirección del Patrimonio Inmobiliario Federal), Así, uno puede preguntarse, ¿cómo es posible que la institución encargada de cuidar y fomentar la cultura no esté dispuesta a respetar lo que establece el convenio? ¿Con qué derecho puede exigir el respeto al patrimonio de los jaliscienses si ella misma no lo demuestra?    

Pero no sólo la situación legal es preocupante. En septiembre pasado, el Museo del Templo Mayor montó una extraordinaria exposición temporal sobre las ideas de fertilidad de las culturas de occidente que llevaba por nombre “Semillas de vida”. Fue una exposición bellísima. Una gran cantidad de objetos realmente valiosos daban testimonio de la visión del mundo de estas culturas, así como del nivel artístico que alcanzaron. Fue tal el éxito de esta exposición que ahora se montará de manera itinerante en varios museos.

Cuando la ví, pensé, ¿por qué esto no está en Jalisco, si de ahí procede casi la totalidad de las piezas? ¿Qué no somos capaces de ofrecerles a todos estos objetos arqueológicos un lugar digno para que contribuyan a fomentar la conciencia de que aquí también, en la región de occidente, hubo una cultura desarrollada? Y en efecto, para eso se pensaba utilizar el museo, antes de que los oportunistas de la Secretaría de Cultura vieran la ocasión para apropiarse del espacio ¡como oficina! 

Por otro lado, hace unas semanas tuve la oportunidad de escuchar al Maestro Mauricio Romero  en una excelente conferencia sobre las culturas prehispánicas de occidente. Y créame, querido lector, tuve que cambiar radicalmente mi idea de lo que fueron estas culturas. Ellas, entre otras cosas,  fueron capaces de crear un valiosísimo tesoro artístico, sobre todo en cerámica, digno de ser reconocido. Y expuesto en un museo. 

No es posible que muchas de las piezas obtenidas de las excavaciones arqueológicas se encuentren abandonadas en el salón de alguna escuela secundaria de pueblo (como en San Martín de Bolaños) o tengan que ser trasladadas a la Ciudad de México, simplemente porque aquí no hay un interés en ellas y no hay un sitio para mostrarlas.  

Mientras otras ciudades se esfuerzan por rescatar edificios históricos y acondicionarlos como museos, Guadalajara hace muy poco en este sentido. Algunos de nuestros museos apenas merecen el nombre, carecen de una museografía moderna y se reducen a coleccionar antigüedades. Un caso realmente preocupante es el Museo Regional, que si bien no es administrado por la Secretaría de Cultura, sino por el INAH, también refleja la indolencia e ignorancia de las autoridades.  

Estimado lector ¿Cuándo fue la última vez que lo visitó? ¿Por qué no volvió?. Al igual que lo que se busca hacer con el edificio de la XV Zona militar, varias de sus salas están ocupadas por burócratas. Parte de la exposición está cerrada, porque “el encargado se fue a comer”. Y la museografía es francamente infame. 

Por otro lado, Jalisco ha sido semillero de una enorme, pero realmente enorme cantidad de artistas que no han encontrado en su tierra el reconocimiento que se merecen.  Aquí sólo voy a citar a tres: Lucha Reyes fue la primera cantante que a nivel nacional dio expresión a un canto que luego pasó a ser distintivo de México. Muchas cantantes que vinieron después la tomaron como ejemplo. Ella nació en la calle de Angulo, por el rumbo del Parque Morelos. ¿no sería justo pensar en un pequeño museo que la recordara y que mantuviera su estilo, su música y su influencia viva? Otro artista que merece un mejor trato es el escultor Juan Soriano. En Polonia, por ejemplo, existe un parque público que muestra sus esculturas; aquí, lo tenemos bastante olvidado. Algo similar se puede decir del gran Chucho Reyes. 

Y si en Jalisco nacieron y vivieron los escritores más importantes de la literatura nacional, como Juan Rulfo, Arreola o Agustín Yáñez, por mencionar sólo algunos ¿por qué no hacemos un “museo de los escritores” como existe en otras capitales, que muestre su obra y promueva su lectura? Realmente ya es tiempo de que “los que no pueden, se vayan”. También en el área de cultura.