Psicología de los insultos en los estadios (Parte 2 de 2)

Cuando aumentan las probabilidades de que el propio equipo pierda el juego, aumentan las ofensas verbales al equipo contrario.

La gran mayoría de los aficionados que asisten a los estadios considera que los gritos ofensivos son parte medular de la cultura del futbol. Un poco de agresividad, según su opinión, contribuye a conformar la explosiva y agradable atmósfera del estadio. Para muchos, estar solamente sentado, sin estas formas de participación, sería muy aburrido.

Los aficionados, pero también algunos expertos, que interpretan los insultos como parte de la lógica cultural del futbol, los justifican de la siguiente manera:

- Los insultos son solamente un intento por provocar al contrario. Los gritos ofensivos únicamente tratan de señalar las debilidades del contrario: si el rival es de procedencia africana, se le grita por ser de procedencia africana; si parece homosexual, por parecer homosexual. Si tuviera tres ojos, se le gritaría por tener tres ojos.

- En el estadio existen otras reglas. Aquí se puede decir o hacer lo que en otros lugares públicos no se puede expresar. Es como en una fiesta de copas entre amigos o como ir a Las Vegas. Lo que ahí se dice u ocurre solamente tiene validez en ese momento.

- El contenido de los gritos no está presente de manera consciente en los aficionados. De lo que se trata es de crear un ambiente festivo. No importa qué se grite, pues el sentido de la ofensa es intrascendente, de lo que se trata es de hacer una fiesta en las gradas. 

Ante este panorama, las asociaciones de futbol europeas sólo han mostrado su preocupación cuando los insultos han asumido contenidos racistas o ultraderechistas. Expertos han señalado que, hasta ahora, a pesar de que las expresiones homofóbicas o sexistas son mucho más frecuentes, sólo se percibe como problema el insulto racista.

Pero, debido a la conformación multicultural de la mayoría de los equipos de futbol, las agresiones verbales de carácter racista han disminuido considerablemente. ¿Qué sentido tiene insultar a un jugador del equipo contrario por su color de piel, cuando en el propio equipo juegan dos africanos? 

En una gran cantidad de países muchas de las agresiones verbales en los estadios tienen un carácter homofóbico. Canciones que tachan a los jugadores rivales de homosexuales son parte del repertorio obligado en los estadios europeos. Ante esta situación no se ha desatado aún alguna polémica que tenga repercusiones dignas de tomarse en cuenta. Interesante en este contexto es observar que el destinatario en el juego de ofensas homofóbicas es, por lo general, el portero del equipo rival. Lo cual hace suponer que el término no alude directamente a una supuesta preferencia sexual, sino a la posibilidad que tiene el portero de tomar la pelota con las manos. En un juego que exhibe la masculinidad como fuerza física, capacidad para imponerse y destreza corporal, el abrazar el balón es interpretado como un acto de debilidad sexual.

Sin embargo, también existen otros enfoques que condenan cualquier forma de insulto, racista, sexista u homofóbico en los estadios y pretenden echar andar iniciativas que corrijan esta situación. En otros países, instituciones y asociaciones han desplegado campañas para sensibilizar a los aficionados y evitar los insultos, especialmente los de carácter racista o ultraderechista. En los países del norte de Europa es impensable ofender a alguien públicamente. Parte del estado de derecho es garantizar que ningún ciudadano pueda ser ofendido. En Alemania es suficiente tener dos testigos para acusar jurídicamente a alguien de insulto y exigir una indemnización. Toda la estructura constitucional se desprende del primer artículo que señala “La dignidad del hombre es intocable”. Las formas de trato civilizado se sustentan en el respeto y una moral mínima. Gritarle a alguien “puto” es un insulto. De eso no cabe duda. A nadie le gustaría que a alguno de sus hijos le dijeran así. Pero, ¿debe evitarse este grito en los estadios?