¿Dónde está la oposición?

Cuando un gobierno no hace las cosas bien, es la hora de la oposición. En países que han avanzado en el camino de la democracia, el líder del partido de la oposición o el líder de la bancada opositora en el Congreso, ejercita todo el tiempo la crítica pública. Pues es precisamente este ejercicio lo que coloca a su partido como alternativa viable en la siguiente elección. Pero ¿Usted ha visto en México al dirigente del PAN o del PRD señalando lo que el gobierno de Peña Nieto hace mal o lo que de plano no hace?

Pues claro que no. Son tan grises que ni siquiera la opinión pública los identifica. He preguntado a mis alumnos cómo se llama el líder del PAN a nivel nacional y solamente uno pudo mencionar su apellido. Del PRD, ni siquiera eso. ¿Dónde están esos dirigentes? ¿Quiénes son?

El problema es que estos partidos no han aprendido, cuál es el papel de un partido de oposición en tiempos no electorales. Claro que no se trata de molestar por molestar. Ni tampoco de decir no a todo. Su crítica debe estar fundamentada y debe ser parte de una política de comunicación social que le permita al electorado identificarlos.

Casi en todos los países que han avanzado en la democracia, el espectro electoral generalmente incluye dos grandes partidos: uno de izquierda y uno de derecha. Un partido verde y probablemente uno de extrema izquierda y otro más de extrema derecha. El montón de partidos que no representan a nadie no reciben financiamiento público y solamente llegan a ocupar uno o dos asientos en los parlamentos nacionales.

Así que la voz de la crítica recae en el líder del partido fuerte opositor. Esto es muy necesario en la democracia. Primero, vuelve al presidente y al gobierno muy cuidadosos en sus palabras y en sus políticas públicas, pues los funcionarios saben muy bien que cualquier error será aprovechado por la oposición y tendrá una gran repercusión en la opinión pública. La crítica no se hará esperar.

En segundo lugar, los líderes de oposición pueden perfilarse de esta manera como candidatos entre el electorado. Por ello, estos países se ahorran campañas largas y costosas, pues la opinión pública identifica muy bien a los actores políticos y sabe cómo piensan.

En tercer lugar, y esto es importante, un buen partido de oposición cuenta con lo que en política se conoce como "gabinete de sombra". Es decir, un grupo de expertos que en caso de ganar las elecciones ocuparía los puestos del gabinete. La oposición ya tiene preparado su equipo y mientras asume el poder éste se dedica a analizar y criticar públicamente lo que los ministros en turno hacen. De esta manera el ministro, digamos de agricultura, está siempre sujeto a la crítica del experto en agricultura del gabinete de sombra de la oposición.

Sin embargo, aquí los partidos de oposición (fuera de las cámaras) no tienen ni idea de cuál debe ser su trabajo. En principio están tan ocupados con ellos mismos que pareciera que la política nacional les es ajena. El presidente del PAN sólo tuvo palabras públicas fuertes cuando Margarita Zavala señaló que el partido debería pedirle perdón a la ciudadanía por postular en Sinaloa a una novia del **Chapo Guzmán. Sólo entonces salió a exigir públicamente una indagación del proceso interno que llevó a la mujer al Congreso local, aunque seguramente conoce de sobra los procesos antidemocráticos de elección de candidatos en su partido.

Fuera de ello, sólo lo hemos visto en unos spots publicitarios diciendo frases propias de un curso de superación personal.

El PRD siempre está ocupado con sus riñas internas. La única voz con autoridad moral que tenía, respetada por la ciudadanía y que se pronunciaba sensatamente sobre los problemas nacionales, era la del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Pero nunca la pudieron valorar.

Si al PRI y al PAN les molesta que Andrés Manuel López Obrador aparezca en los medios criticando al gobierno, es porque no han entendido que esa es la tarea de un partido opositor. Y López Obrador hace un buen rato que lo sabe.

A nivel local ocurre algo semejante. ¿Conoce Usted al dirigente estatal del PAN? ¿O del PRD? Pues, claro que no. Estos partidos no tienen ni idea de qué significa ser partido de oposición. En Movimiento Ciudadano, el papel crítico de las acciones del gobierno estatal se lo han dejado al mismo Alcalde. Pues una parte del éxito electoral de Enrique Alfaro se debió precisamente a que años antes de la elección pasada entendió muy bien cómo, desde la crítica racional, es posible posicionarse en el gusto de los electores. Si a ello se añade la creativa forma en la que estuvo presentándola, es claro por qué en la carrera a la alcaldía llevaba una considerable ventaja.