En México, la justicia se compra

Una de las frases de Diego Fernández de Cevallos más afortunadas es aquella que describe a la justicia en México como la cloaca del país. Si este país está sumido en el caos, la corrupción y la impunidad se debe en buena parte al actuar de los jueces. Los pasillos de los juzgados se han convertido en una verdadera subasta de sentencias. El que da más, la obtiene a su favor. Lo peor es que nos hemos acostumbrado a que sea así. Lo admitimos como parte normal de nuestro mundo cotidiano. Nadie se sorprende y a nadie le escandaliza. En la canasta de jitomates podridos, a quién le importa si hay uno más.

Esta semana fuimos testigos de una sentencia que dicta orden de aprehensión en contra de la Sra. Angélica Fuentes, esposa de Jorge Vergara. A las pocas horas de la sentencia, el juez fue separado de su cargo por el Consejo de la Judicatura del Estado, después de una sesión extraordinaria en que el pleno pudo comprobar que hubo una serie de irregularidades.

Según la información proporcionada, el distrito donde se giró la orden de aprehensión ya trabaja con el sistema de juicios orales y el juez lo hizo con el anterior sistema escrito. En base a ello, uno puede inferior que el juez creyó que podría dictar una sentencia sin ninguna repercusión conforme a un sistema que ya era obsoleto. Uno se pregunta entonces qué pudo llevar al juez a efectuar de este modo su resolución. La respuesta induce a pensar que la justicia se compra.

Pero, lo inaudito después de todo es que el juez fuera separado de su cargo. Eso sí que es novedoso. ¿Habrá una pequeña luz de esperanza que permita pensar que en el sistema judicial algo se mueve? ¿En ese cochinero, hay algo que permita suponer que la justicia y el derecho han encontrado una especie de salvavidas que los saque de tal situación?

Para hacer un diagnóstico, desde fuera, hay que considerar algunos aspectos. Es interesante la propuesta que hace el Senador Arturo Jiménez de poner límites a las decisiones del Tribunal Administrativo. Este Tribunal desde hace algunos años ha caído en el total descrédito, pues ha permitido a través de sospechosas sentencias la construcción de gasolineras o de edificios en zonas en donde expresamente están prohibidos por reglamentos municipales. Hace poco en una entrevista radiofónica un constructor hacía referencia a la facilidad con la que por medio de sobornos se podía construir sin ningún problema. Así que la iniciativa del Lic. Zamora debe ser bienvenida.

La publicidad en los medios de los fallos de la Suprema Corte también deben interpretarse como una buena señal. Independientemente de que sean correctos o no, (el de Florence Cassez fue un verdadero desastre), es un alivio de menos saber que ciertas sentencias son de interés publico y que sientan un precedente para combatir la opacidad en que se mueve el sistema judicial.

El espíritu de introducir el sistema de juicios orales también obedece a un intento porque, de menos, el juez le vea la cara al acusado y porque considere otra información que no logra plasmarse en el papel, como la veracidad de los testigos.

Claro que lo que le estoy contando son todavía señales muy débiles para hablar de un avance en el camino de la impartición de justicia, pero una optimista como yo está obligada a buscar luces en la noche más oscura y en el lodazal más podrido. Pero, ciertamente estamos a años de luz de conseguir un poder judicial que aplique una justicia mínima.

Lo que realmente podría significa un paso importante en este sentido sería un aumento del interés público. Si los jueces se permiten vivir en la corrupción, es porque operan en la oscuridad, porque sus nombres no son ensuciados en la opinión pública. En Alemania, los principales diarios y revistas ofrecen regularmente una reseña de los casos y las sentencias más importantes. Los lectores siguen con mucha atención lo que motivó los fallos. Existe un periodismo jurídico que informa regularmente de manera muy amena sobre lo que ocurre en los juzgados. Es una de las páginas favoritas de los lectores, pues ahí se informa de las sentencias sobre los crímenes que conmocionan a la nación o de las decisiones de las cortes que afectan a muchos. Ahí el débil no es víctima del más fuerte. Un campesino le ha ganado un caso a la misma Mercedes.

En México, es impostergable limpiar la casa. Bajo la idea de que cada sistema es autónomo, pretenden hacernos creer que los jueces pueden hacer lo que les da la gana. Pero, esto no es cierto. Los sistemas están ahí para controlarse mutuamente. Exijamos acciones que permitan meter a la cárcel a esas generaciones de corruptos que han actuado hasta ahora anónimamente. Exhibamos a los jueces corruptos. Hagamos que sea más caro vender una sentencia injusta.

El cochinero en el sistema judicial es uno de los pilares que permiten que se edifiquen problemas como el narcotráfico, el saqueo de las finanzas municipales y estatales, la inequidad, etc. Si los guatemaltecos pudieran llevar a la cárcel a su presidente por corrupto, no veo por qué en México no podamos crear instituciones de justicia sólidas.