Mathias Goeritz en Guadalajara

Hace cien años, el 4 de abril de 1915, nació en Danzig un alemán que contribuyó significativamente a cambiar el rumbo del arte en México. En días pasados el museo Reina Sofía de Madrid inauguró una gran exposición sobre su obra. Y este año se tienen previstos algunos eventos académicos y culturales para recordarlo. Aquí una muy breve reseña de su paso por Guadalajara.

Mathias Goeritz vivía en Berlín en los años en que una multitud de movimientos artísticos innovadores se encontraban en pleno desarrollo. Después de la llegada de los nazis al poder, en 1933, y el inicio de la guerra (1939), Mathias estaba convencido de que no existían posibilidades para dedicarse al estudio del arte en su país natal. Los nazis imponían una forma estética de manera absoluta y reprimían toda expresión que no se sujetara a ella. Aún no se sabe con certeza cómo Mathias logró salir de Alemania en esos años, cuando el ejército alemán reclutaba de manera masiva a los jóvenes.

Después de vivir algunos años en Marruecos, Mathias se fue a España. Ahí se casó con Mariana Gast. Terminada la guerra, ambos se instalaron en Santillana del Mar, donde Mathias  abrió una escuela de pintura.   

En 1948, el arquitecto Ignacio Díaz Morales se encontraba en Europa buscando maestros que desearan venir a México para participar en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, próxima a fundarse. Cuando Díaz Morales pasó por España, Alejandro Rangel e Ida Rodríguez, que estudiaban arte, le recomendaron a su maestro alemán.

Aunque Díaz Morales no tuvo oportunidad de encontrarse personalmente con Mathias, sí pudo conocer una parte de su obra pictórica. Desde entonces se inició una intensa correspondencia entre Díaz Morales y los Goeritz, con el fin de concretar su llegada a Guadalajara. A su regreso de Europa, Díaz Morales puso en marcha todos los trámites necesarios, que ciertamente no fueron pocos.

En Guadalajara, Mathias emprendió su trabajo como catedrático en la Escuela de Arquitectura con gran entusiasmo. Ahí impartió la clase de historia del arte y dirigió el seminario de educación visual. Los estudiantes lo nombraban “güeritz”, por güero. Y a Marina, “Matiana”,  por ser esposa de Mathias.

Pero las ideas de Mathias no siempre fueron recibidas con entusiasmo o desconcierto: el modernismo de su arte fue víctima de incomprensión y, en más de alguna ocasión, de intolerancia. El episodio más conocido fue el escándalo que suscitó la obra con la que Mathias pretendía homenajear a José Clemente Orozco. A principios de 1950, Mathias recibió por parte del rector de la Universidad de Guadalajara, Jorge Matute, el encargo de coordinar el homenaje que la Escuela de Arquitectura se disponía a realizar al conocido muralista recientemente fallecido. Su Proyecto para un monumento a Orozco, una escultura en madera, causó tal polémica que sus críticos la retiraron del lugar en que estaba expuesta. Posteriormente fue devuelta con la condición de que no volviera a colocarse frente a la obra de Orozco en el Paraninfo de la Universidad.

A pesar de que los Goeritz hicieron muchos amigos en Guadalajara y la obra de Mathias empezó a recibir reconocimiento, no dejaban de percibir el ambiente provinciano, conservador, que en ese entonces reinaba en la ciudad. En una ocasión, los visitó en su pequeño apartamento una pareja que deseaba ver las esculturas de Mathias. Después que el señor le echó una rápida mirada a las obras que Mariana le mostraba, le pidió a su esposa que volteara la vista para que no las observara, pues le habían parecido inmorales. En otra ocasión la escultura Los amantes, que fue colocada en el ahora desaparecido Casino Guadalajara, tuvo que ser retirada porque provocó el disgusto de algunos clientes.

En estos años, Mathias empezó a colaborar con dos personalidades significativas del arte y la arquitectura mexicanos: Jesús Reyes Ferreira y Luis Barragán. La colaboración con Barragán duró más de quince años y empezó cuando éste le encargó una obra de gran formato para el ingreso al fraccionamiento El Pedregal, en la Ciudad de México. Después de este primer contacto, harían un buen número de proyectos y obras en conjunto, al grado de que es difícil determinar quién fue realmente el autor de cada obra, como es el caso de las Torres de Satélite. 

En 1953, después de cuatro años de laborar en la ciudad, Mathias visitó a Díaz Morales y le pidió un considerable aumento de sueldo. De no obtenerlo, aceptaría una oferta en la Ciudad de México. Aunque Díaz Morales intentó que el rector accediera a su petición, no fue posible corresponder a sus demandas. Así que Mathias y Mariana terminaron por mudarse a la Ciudad de México, donde existían mejores oportunidades de desarrollo.

En esos años, Mathias hizo una obra plástica de gran formato para la ciudad que lo acogió primeramente en México. El arquitecto Luis Barragán, al proyectar el fraccionamiento Jardines del Bosque, dispuso una entrada “oficial” amable y alegre. Para cumplir esta función Mathias realizó un pájaro amarillo. Esta escultura aún puede verse, aunque el conjunto en el que debía integrarse no fue construido en su totalidad por objeciones del Ayuntamiento y una parte de la fuente que incluía el proyecto fue posteriormente mutilada. Para saber más, me permito recomendarle mi libro Mathias Goritz. Ecos y Laberintos, publicado por Artes de México, de venta en las librerías de la ciudad.