¡Emocionante y maravilloso!

El juego de México contra Croacia fue un partido de emociones. Miedo, angustia, inseguridad, decepción, alegría y euforia fueron algunas de las emociones que penetraron en el alma de los aficionados. Entre las imágenes que nos quedan, se encuentra el momento en que Vázquez derrumbó, en medio de su júbilo, al entrenador, Miguel Herrera, al final del partido. Sobre esta situación, se puede decir, lo que Roland Barthes decía sobre los ciclistas de la vuelta de Francia: “El abrazo es aquí expresión de la fenomenal euforia que se siente ante la perfección del mundo heroico”. Y es que en realidad, esta victoria, si se tienen presente las dificultades para lograr la clasificación así como la calidad de los jugadores croatas, tuvo mucho de heroica. Mandzukic, el delantero croata, es parte del ataque del Bayern Munich, de Alemania.

En el futbol no todo triunfo es heroico, éste se define por la importancia que le atribuimos. Esto es especialmente cierto en el caso de esos encuentros futbolísticos que son percibidos como la lucha de David contra Goliat. Si un equipo logra el triunfo sobre un adversario considerado superior, los jugadores se aseguran un lugar en la memoria colectiva de los aficionados. Lo mismo se puede decir de los juegos en que está de por medio “todo o nada”, como una final de liga o, como en este caso, el pase a la siguiente ronda en el Mundial de Brasil. Entre mas dudas existen sobre el triunfo, mas se precipitan las emociones al final del partido. La selección mexicana estaba consciente de que este juego no sería fácil, por lo que los momentos después de que el árbitro silbó el final resultaron especialmente emotivos.

El futbol como lugar de emociones ha sido también objeto de estudio de la medicina. Durante el mundial de futbol en Sudáfrica, se hizo una investigación entre aficionados españoles, a quienes les tomaron muestras de saliva antes, durante y después del juego contra Holanda, el partido que decidió al campeón del mundo. Los resultados arrojaron una alta concentración de testosterona entre los aficionados, lo cual ocurre generalmente cuando alguien se ve seriamente amenazado de perder su estatus social o en situaciones de guerra, en que se percibe un próximo ataque. Es decir, en situaciones en que el se requiere mostrar una alta agresividad. Los biólogos han interpretado esta reacción como un recurso del cuerpo para echar mano de energía adicional.

En este mismo estudio se pudieron comprobar también altas concentraciones de cortisol, señal de que los aficionados estuvieron sometidos a un alto estrés. Conforme se acercaba el final del partido, los niveles ascendieron. Para personas que no practican algún deporte, fuman y beben esta situación representa, según los autores del estudio, un gran riesgo de sufrir un paro cardiaco.

Estos resultados confirman lo que encontró un estudio practicado en el Mundial de Alemania en 2006. En un estudio que se llevó a cabo en una clínica en Munich se pudo confirmar que los días en que jugó la selección alemana jubo un aumento considerable de pacientes que presentaron síntomas cardiacos.

Una gran emoción en general, es vista como algo positivo. Emociones como las que despertó el partido contra Croacia son bellas y parte de la fascinación que ejerce el futbol. Pero como todo en la vida, estas pasiones también tienen sus riesgos.

 

Doctora en sociología, historia y psicología por la Universidad de Freibourg, en Alemania