Los Colomos ¡Se venden!

Una mañana llegaron las máquinas y arrasaron con todos los árboles. La capa de maleza y arbustos también fue destruida. Se trataba de “limpiar” el terreno. Algunos vecinos y corredores, desesperados ante la devastación, documentaron con fotos lo ocurrido. La dirección del Bosque se lavó las manos, argumentando que permitió el ingreso de las máquinas, pues sus conductores le mostraron una escritura del predio. Así de fácil. Eso sucedió hace algunos años, en un terreno que se encuentra detrás de la caseta tres de ingreso al Bosque. La Dirección de Obras Públicas del Ayuntamiento de Guadalajara había autorizado a quienes reclaman la propiedad del predio a “iniciar el proyecto constructivo” de vivienda. Con lo que dio permiso al ecocidio. 

Esta es una de las historias que explican cómo Los Colomos I, II y III han ido perdiendo sus dimensiones originales. Los terrenos que originalmente compró el gobernador del Estado, Luis C. Curiel, a inicios del siglo XX, para abastecer de agua a Guadalajara, han sido invadidos o reclamados por particulares (aún hoy en día 17 colonias de la ciudad se abastecen de los manantiales de la zona). El proceso en casi todos los casos es muy similar. Algunos “vivillos” (para no usar sustantivos ofensivos), con la ayuda de parientes o amigos notarios, se hacen de escrituras con las que sustentan reclamos de propiedad. Si encuentran trabas al solicitar la posesión, se inicia un litigio. El Gobierno del Estado, por lo general, en un inicio defiende la propiedad. Pero, en algún momento, debido a que los funcionarios o burócratas que tienen la responsabilidad de defender el terreno público no se presentan a alguna comparecencia, el juicio se pierde. Luego los ayuntamientos les otorgan los permisos de construcción. En algunos casos, los “dueños”, que ganaron el juicio, venden los predios.  

En otros casos, sobre todo en Colomos III, los terrenos son víctima de “invasiones”.  Un buen día, “alguien” –claro, con poder e influencias- toma posesión del predio, a veces mediante personal de seguridad privada, coloca una barda y construye lo que le parece. El reclamo que los ayuntamientos puedan hacer de la propiedad pública se vuelve entonces muy difícil. Sobre todo, cuando los jueces dictan sentencias que desafían a la razón y la decencia. En Colomos hay 17 invasiones.     

El trasfondo del problema no es desconocido. Los Colomos y sus alrededores constituyen la zona de mayor plusvalía en Guadalajara y Zapopan. El precio de estos terrenos está por las nubes, en algunos casos se calcula hasta en 15,000 pesos el metro cuadrado. Y es que los empresarios de la ciudad, ya desde hace tiempo, no invierten en talleres o fábricas que den trabajo permanente a un número importante de personas. (En realidad, no producimos nada, ¿así cómo puede haber empleo?). El negocio actual es la construcción de torres de apartamentos y cotos. Por otro lado, la demanda de vivienda sigue creciendo. El quintal más alto de la población son jóvenes, es decir, personas que buscan independizarse de sus padres, ya sea para vivir solos o formar una familia. Esto hace que apartamentos bastante pequeños alcancen precios muy elevados.

Ante esta situación, cualquier terreno verde en la zona se vuelve un oscuro objeto de deseo. El patrimonio público más vulnerable en este sentido son los terrenos en el borde de Avenida Patria, entre Acueducto y Eva Briseño, así como algunos que son parte de Colomos III.   

Pero afortunadamente existen ciudadanos a quienes les interesa luchar por el medio ambiente. Corredores, ecologistas, vecinos de la zona, paseantes e investigadores de distintas universidades se han organizado para defender el Bosque y el patrimonio público. Entre sus estrategias, tal vez la más exitosa ha sido pugnar por lograr la declaratoria de zona protegida.

Convencer a las autoridades para que se realice tal declaratoria no es fácil. Requiere una gran cantidad de estudios técnicos de muy diversa naturaleza. Pero una vez que se declara cierto espacio como zona protegida es posible blindarlo ante los intentos de invasión o impedir que de la noche a la mañana aparezcan “dueños”, con dudosos documentos de propiedad.    

Sin embargo, todos los recursos por defender al Bosque de Los Colomos y el patrimonio público resultan insuficientes si la ciudadanía sigue viendo con indiferencia la desaparición paulatina de la escasa naturaleza con que todavía cuenta la ciudad. Hacen falta muchos ciudadanos, como Usted  y como yo, que se comprometan en la defensa de los árboles y de los espacios verdes. Un día, nos daremos cuenta que ninguna fortuna, por más grande que sea, podrá comprar agua inexistente.

Por cierto, la devastación del predio que le narré en un inicio logró detenerse por la intervención institucional de la Universidad de Guadalajara y el empeño de muchos ecologistas por preservar la vegetación del lugar. El terreno todavía es objeto de litigio.         

¡Ojalá que ahora cuando los candidatos a las alcaldías de Guadalajara y Zapopan empiezan a presentarnos sus propuestas electorales hagan un compromiso firme por defender la propiedad pública, sobre todo cuando ésta significa una fuente de abastecimiento de oxígeno y agua para una ciudad con serios problemas de contaminación!.