La Capilla Sixtina, Miguel Ángel y su amor homosexual

Esta semana hubo dos noticias que de alguna manera están relacionadas con Miguel Ángel, llamado por sus contemporáneos ** El Divino. La primera de ellas es la inauguración en la Ciudad de México de la exposición de una réplica de la bóveda de la Capilla Sixtina en el Monumento a la Revolución. Este esfuerzo no es poca cosa: costó 52 millones de pesos y requirió de 2 millones 700 mil fotografías en alta definición, que fueron tomadas cuando la capilla del Vaticano estaba libre de turistas. Al final de este mes, la exposición empezará un viaje itinerante por los estados. Sí, ya sé que los expertos y los puristas están pensando ¡qué horror!, pero es una buena oportunidad para acercar al arte a quien nunca lo ha hecho.   

La Capilla Sixtina es un lugar prominente en la Iglesia Católica, pues aquí se lleva a cabo el cónclave para elegir al papa. Bajo su impresionante bóveda y ante el altar, pintados por Miguel Ángel, el Colegio Cardenalicio decide quien será la cabeza de la iglesia, iluminados -claro está- por el Espíritu Santo.  

La segunda noticia que indirectamente tiene que ver con el genio renacentista son las declaraciones del obispo de Veracruz, Luis Felipe Gallardo, quien atribuye la derrota del PRI en las pasadas elecciones al intento del presidente de hacer del matrimonio homosexual un derecho constitucional. En sus declaraciones el obispo asegura que los homosexuales no son normales, sino que están enfermos.

Miguel Ángel era homosexual, durante su vida tuvo relaciones amorosas con varios hombres, y su arte estaba muy relacionado con sus inclinaciones amorosas. En la misma bóveda de la Sixtina, por ejemplo, en el fragmento que muestra la creación del sol y la luna, dibujó el trasero de Dios. Tal como lo lee: Ahí tuvo su debut el culo divino en el arte pictórico. Curiosamente conozco a una pareja de homosexuales que en la sala de su casa tienen una copia del fragmento del fresco de la bóveda en que Dios crea a Adán. 

Miguel Ángel dedicó más de cuatro años de su vida a pintar este techo. La invitación vino de Julio II, el papa guerrero, el sucesor de Alejandro VI (Borgia). Se piensa que la invitación a Miguel Ángel fue hecha con el ánimo de verlo fracasar, pues Migue Ángel era más bien escultor y apenas tenía conocimientos de pintura.

Sin embargo, Miguel Ángel aceptó. Su inexperiencia pronto le presentó la factura, pues la capa de cal sobre la que se aplica el color, en la técnica conocida como pintura “al fresco”, contenía demasiada agua, y a los pocos días de terminado el primer fragmento salieron hongos. Así que el artista tuvo que destruirlo todo y volver a empezar. También la perspectiva de la primera escena no fue la adecuada, pues si se observa desde el piso las figuras aparecen bastante pequeñas.

Originalmente se tenía pensado que las imágenes de la bóveda mostraran a los doce apóstoles, pero Miguel Ángel convenció al papa de que el tema fuera el antiguo testamento. Aunque Miguel Ángel realmente fue un genio indiscutible, la representación pictórica de la belleza femenina en no fue su fuerte. Un cuadro de Miguel Ángel se reconoce sobre todo por sus figuras musculosas. A mis estudiantes les digo que sus obras siempre muestran un exceso de carne. Y las mujeres no son la excepción. En la Capilla Sixtina las mujeres aparecen como si toda su vida hubieran entrenado levantamiento de pesas en el mejor gimnasio del mundo. Ni Toña “la Tapatía” tenía esos brazos. Busque en internet la imagen de la Sibila Cumana, para que vea de lo que le estoy hablando.      

Casi treinta años más tarde, el papa Paulo III (el miso que asentó que los indígenas de América sí tenían alma) invitó a Miguel Ángel a realizar el altar de la misma capilla. Cuando se tuvo conocimiento de que en el altar de ese lugar sagrado aparecían una gran cantidad de figuras desnudas, el escándalo no se hizo esperar. Uno de los más feroces críticos fue Biaggio de Cesena. Pero Miguel Ángel llevó a cabo una sutil venganza: En la parte inferior derecha de la escena, a la entrada de los infiernos, Miguel Ángel representó a Minos, el rey del Infierno, desnudo, con orejas de burro, una serpiente enroscada a su cuerpo y con los rasgos faciales de Biaggio de Cesana.

Años más tarde, se decidió “tapar” la desnudez de los personajes. Para ello el papa Pio V, designó a Daniele da Volterra  quien por este trabajo pasó a ser conocido con el sobrenombre de  Braghettone (el Pintacalzones).

Miguel Ángel mantuvo relaciones amorosas con muchos jóvenes. A los 57 años conoció a Tommaso Cavalieri, con quien mantuvo una relación de más de 30 años y a quien escribía apasionadas cartas. A las cuales Cavalieri contestaba, por ejemplo, de la siguiente manera: “Juro retornarle su amor. Jamás he amado a un hombre más de lo que lo amo…”

Bueno, pues a mí hubiera gustado conocer la opinión del obispo sobre las pinturas que se exhiben en la Ciudad de México, consideradas como un momento cumbre de la pintura universal y pintadas por uno de los gays más geniales de todos los tiempos. Si fuera el Espíritu Santo con mucho gusto volvería a la Capilla, no sólo a iluminar a los cardenales, sino a ver tamaño prodigio.