Bienvenido al Infierno. El mundo en la era Trump

El día de la elección estadounidense hice unas quesadillas y una ensalada, para festejar lo que imaginé sería un triunfo de las fuerzas de la razón. Mi hija adolescente (que ahora vive de manera independiente) prometió venir, junto con su novio, a ver la transmisión de la elección. A las siete de la noche, llamó. No, no vendría, estaba fuertemente resfriada. ¡Qué mal!, pensé. Pero, me acomodé ante el televisor, con mucho optimismo. Después vino el desplome de mi ánimo. Conforme fueron llegando los resultados de la elección, me sumergía cada vez más en lo profundo del sillón.  Los días que siguieron estuve en una especie de estado de shock. ¿Cómo entender que el hombre más aborrecible del mundo se convierta en presidente de la nación más poderosa?  ¿Y los valores democráticos de occidente? Y las fuerzas de la razón, ¿dónde quedaron?

La elección de Donald Trump es sin duda una catástrofe para México, pero también para los Estados Unidos y para el mundo. Sería un serio error pensar que no va a hacer lo que prometió. De menos, tendrá que realizar algunas de sus propuestas. Y es ahí donde uno se siente como Beatriz, la de Dante, ante las puertas del infierno. Permítame explicarle.

La figura de Trump, en todas sus dimensiones hace presente los capítulos más obscuros de la historia reciente. La revista alemana Der Spiegel no dudó en comparar a Trump con la ridícula figura que hasta ahora ha caracterizado a los grandes fascistas del siglo XX. Si Usted observa las viejas tomas de Benito Mussolini o de Adolf Hitler, reconocerá de inmediato que comparten con el futuro inquilino de la Casa Blanca el lenguaje, el peinado, los gestos, la personalidad entera. Se trata, de nuevo, del patán manipulando las masas, apelando a sus más bajos instintos. Trump, concluye el semanario, es un fascista y no un demócrata. Y los alemanes saben de lo que están hablando.   

Uno de los rasgos del fascismo es promover fuertemente el nacionalismo, y conducir a la violencia a las masas adoctrinadas (Sí, así lo define Wikipedia) contra aquellos que el Estado identifica como enemigos mediante un eficaz sistema de propaganda. Trump llamó a los mexicanos asesinos y violadores, busca hacer un muro que impida la migración ilegal y amenaza con llevar a cabo una enorme deportación de paisanos. También afirma que impedirá el ingreso a Estados Unidos a ciudadanos provenientes de países en que existe terrorismo y evalúa si es conveniente derrumbar las mezquitas en suelo estadounidense. A este dato hay que agregar que el Ku Klux Klan realizará el próximo mes un desfile para festejar el triunfo del republicano.  ¿Verdad que la analogía sí es preocupante?

La segunda fuente de preocupación es la nula conciencia del próximo presidente sobre el deterioro ambiental que sufre nuestro planeta. Hace poco, los Estados Unidos firmaron el Acuerdo de París, que los compromete a luchar contra el cambio climático. Trump dijo en su campaña: “Debemos dejar de hablar ya de esa absurda mierda que es el supuesto calentamiento del planeta”, y ha anunciado que revocará el compromiso contraído. En los primeros cien días de su gobierno Estados Unidos dejará de apoyar programas contra el cambio climático y destinará el dinero a proyectos domésticos. Además, reformará la ley para quitar las restricciones medioambientales que limitan la extracción de petróleo o gas en regiones con una naturaleza vulnerable.  También pretende reactivar la extracción de carbón en su país, un mineral que es una fuente de energía altamente contaminante.

No solo su política migrante y medioambiental son motivos para dejarnos fríos. Trump es un empresario dispuesto a imponer la única ley que conoce, es decir, “el capitalismo salvaje”, aquel que suprime todas las ayudas sociales a viejos, enfermos, desempleados, etc., y que los deja a su suerte. Su objetivo inmediato es reducir el sistema de seguridad social impuesto por Obama y disminuir considerablemente los impuestos a los más ricos, para aumentar las inversiones en Estados Unidos. Su ignorancia lo lleva a suponer que las inversiones no se irán a donde la fuerza de trabajo es más barata. Lo que sucederá es que los pobres serán más pobres y los ricos más ricos.  

Por cierto, mi corresponsal en Washington me informa que el Sr. Trump, el mismo que llamó a las mujeres “puercas”, y que en repetidas ocasiones fue acusado de “conducta sexual inapropiada” ya pidió un cambió en la decoración de la Oficina Oval de la Casa Blanca. Las históricas pinturas en las paredes serán sustituidas por las fotos de unas “conejitas de Playboy”. El clásico tapete será también reemplazado por una piel de tigre, que expresa los gustos del nuevo presidente amante de la naturaleza. 

Bueno, como puede ver, lo peor ahora no fueron las quesadillas que se quedaron frías el día de la elección. Lo verdaderamente terrible es el fin de Occidente, la capitulación de la democracia ante el capitalismo y un tipo con cabeza de zanahoria en el puesto de mayor responsabilidad en el mundo. Como dijo una amiga: ¡Ganó el diablo!

Felicidades a Jaime Barrera y Miguel Puértolas por el quinto aniversario de Milenio Radio Jalisco.