Voces Ibero

Sembremos paz

Me opongo a la violencia porque cuando parece causar el bien éste sólo es temporal, el mal que causa es permanente.

Gandhi


La semilla de la violencia se siembra desde el hogar y el maltrato infantil proviene principalmente de las personas más cercanas: padres, maestros, cuidadores. Mucho tiempo se consideró que los padres tenían poder absoluto sobre los menores; incluso los cuidadores y maestros “tenían el derecho” de corregirlos y obligarlos a obedecer a través de golpes, castigos, amenazas, violencia psicológica y privación de la satisfacción de sus necesidades.

Lamentablemente a raíz de esto, miles de niños han quedado con cicatrices permanentes (físicas y psicológicas); otros han perdido la vida.

El primer caso de maltrato infantil denunciado —NY, 1874— es el de Mary Ellen Wilson, una niña de nueve años víctima de maltrato por parte de sus padres adoptivos.

Su vecina Etta Wheeler, trabajadora social, se dio cuenta de la gravedad de este hecho y lo denunció más de una vez; sin embargo, las autoridades no podían intervenir ya que la legislación no contemplaba ese tipo de situaciones.Wheeler presentó el caso ante la Sociedad Protectora de Animales y argumentó que la niña era un animal racional y por lo tanto merecía un trato adecuado.

El proceso judicial lo ganó con base en la legislación existente para la protección y prevención de la crueldad hacia los animales.A partir de entonces han surgido asociaciones y leyes que tratan de resguardar la integridad de los niños;desafortunadamente, no lo han logrado en todos los casos.

En 2006 la ONU publicó un estudio acerca del maltrato infantil; de acuerdo al informe,ochenta mil niños y niñas pierden la vida anualmente en América Latina como consecuencia de la violencia doméstica.

El mismo año, el Informe Nacional Sobre Violencia y Salud señaló que en México mueren dos niños menores de catorce años cada día a causa de este tipo de violencia. Necesitamos darnos cuenta de que además de las leyes y las declaraciones acerca de los derechos de los niños, es urgente implementar acciones permanentes de educación y salud que ayuden a tomar conciencia de que si queremos cosechar una sociedad más justa, solidaria y a favor de la paz, tenemos que sembrar desde el hogar la semilla de la dignidad, del amor y del respeto. 


Laura.Parra@iberotorreon.edu.mx